Platón: Ontología y Crisis

El Parménides de Platón constituye, por un lado, el punto definitorio de un pensamiento que se enfrenta a sí mismo como sistema y, por el otro lado, ocupa el espacio del primer momento histórico en que un pensamiento se reconoce como sistema. Este espacio de crisis del platonismo ha constituido el fondo dónde, de alguna manera, se pusieron en juego las posibilidades de nuestro pensamiento entendido como sistema.

Jan Saenredam (1604): “Alegoría de la caverna”, de Platón, British Museum. 

LA FILOSOFÍA COMO SISTEMA: IMPLICACIONES

La crisis de las ideas de Platón, articulada a través de El Parménides y de El Sofista, sitúa su propia teoría en el centro de una crítica que tiene como intención probar su validez, es decir, probar si ésta se sustenta desde ella misma como sistema. Platón dota de esta manera un sentido lógico a su pensamiento pues se focaliza no en lo qué debe interpretar sino en él mismo como totalidad. Esto le conduce a un escepticismo total y, a la vez, termina por producir una sucesión de hipótesis que se doblan y desdoblan sobre sí mismas apoyándose en su propia copia y reproducción gemela (Oñate, 2005) hasta imponerse el platonismo como una totalidad necesaria donde queda clausurada la posibilidad misma de la filosofía. Esto ha conformado el núcleo del pensamiento occidental, una tradición, una forma de hacer filosofía que ha dudado de ser guarda de un saber y a tomado la misión de ser intérprete de unas preguntas donde el ser humano retiene la angustia de su permanente acabamiento (Lorite, 1992).

¿Qué guarda mi pensamiento en su simple posibilidad de pensar y, por lo tanto, que construyo de mi mismo cuando asumo la necesidad de interpretar? En estas dos cuestiones se concentra la existencia del pensamiento filosófico que únicamente puede darse cuando el propio pensamiento ha llegado a los límites de su propio ser. En ese justo momento debe recurrir a sus propias condiciones de posibilidad para poder decidir sobre su supervivencia.

Al representarse la filosofía como sistema se puede identificar la posibilidad del pensamiento con los cimientos, la estructura y los límites de la filosofía. De esta manera Platón se somete a una prueba dura y exigente que pondrá en la mesa la propia posibilidad del pensar.  

EL ORDEN LÓGICO-EPISTEMOLÓGICO DEL PLATONISMO

El Parménides es un diálogo que no tiene otra referencia que él mismo justamente porque sólo él mismo es real. La Idea ha de ser tomada por la Idea para que sea precisamente Idea y no a su vez también cosa. Asimismo, en este diálogo se intercala el orden lógico con el epistemológico para crear una circularidad que fuerza a ser repetida hasta el punto que permite a Platón identificar la posibilidad del platonismo y la posibilidad misma de la filosofía.

EL ORDEN LÓGICO DEL PLATONISMO

Empezando por el aspecto lógico, el carácter totalizante que adquiere el pensamiento de Platón en este diálogo exige que en él se reproduzcan sus propias contradicciones para poder corregirlas y anularlas en su propia posibilidad, es decir, si queremos someter el pensamiento platónico en su totalidad a la posibilidad de existencia, el riesgo que se corra debe ser también total.

En este ejercicio, Platón – por boca de Parménides – indica que la realidad de la Idea consiste en una identidad que se refiere a ella misma por sí misma. La idea, en sentido estricto, no remite sino a ella misma porque es una plenitud de realidad que impone la auto-referencialidad. Entonces, la idea es solo perfecta en sí misma en su propia realidad. Apreciamos entonces el problema fundamental: la relación entre lo posible y lo necesario, entre la multiplicidad y la unidad.

La auto-referencialidad no supone realmente ninguna solución como tal, en realidad se trata de un desplazamiento del problema: si cada Idea se encuentra en la intersección entre lo posible y lo necesario siendo este su espacio de realidad y, además, éstas son múltiples, todas ellas como una sola Idea deben remitir a una unidad superior necesariamente, donde tengan la certeza de ser. El problema aquí es que la propia multiplicidad de la Idea relativiza la necesidad parcial y la fija a una necesidad que sea capaz de englobarla en su totalidad para hacerla real, para que pueda existir, para que pueda ser.

De esta manera, según Platón “de que lo uno exista o no exista depende él y los otros, en su relación consigo mismo o en su relación mutua, todos ellos,sean todo y no sean nada, parezcan todo y no parezcan nada” (Marzoa, 2010). Así, si no se quiere sacrificar la Idea se debe concluir que ni el moverse ni el estar se dan fuera del ser. En ese momento el platonismo se ha hecho necesario como totalidad,  es decir, ha absorbido todas las posibilidades del pensamiento filosófico.  

EL ORDEN EPISTEMOLÓGICO DEL PLATONISMO

Por lo que al aspecto epistemológico se refiere, éste trata el conflicto entre aquello que hace posible un pensamiento, el de Platón en este caso, y el interpretar la eficacia y los límites de ese pensamiento. Tomando como argumento el enunciado sofista que afirma que no se puede buscar ni lo que se conoce ni lo que no se conoce para plantear la posibilidad de un conocimiento originario que escape a ese dilema entre saber e ignorancia, la pregunta que cabe hacerse es entonces, ¿qué es, conocer?

A esta pregunta, Platón introduce una dimensión extra lógica, o teo-lógica, para sustentar la inmortalidad del alma, la existencia de las ideas y la reminiscencia: “entre physis i aretê, se inscribe pístis”.  De esta forma, quedaría justificado el origen de su pensamiento. No obstante, esto da lugar a una nueva dualidad que enfrenta una creencia anterior a la propia Idea, que determina el conocimiento garantizándole su verdad, y el logos, donde el pensamiento debe estar justificado por si mismo.  

Aún por los esfuerzos para superar dicha dualidad se observa claramente un exceso de pístis en el orden ontológico del platonismo. En este momento existe ya una brecha que impone una creencia sobre la propia existencia humana. En consecuencia, toda la filosofía de Platón no es más que un esfuerzo continuo y constante para dar una explicación, una verdad, de un saber que no se puede tematizar, que es imposible de conocer con exactitud y que se termina por justificar a través del Demiurgo. La existencia humana, ahora, debe articularse como un artefacto, una cosa muerta, un constructo, producto y mera copia-resultado de un mundo conceptual del verdadero ser. De esta manera, Platón conseguía a través del Demiurgo resolver el fatal problema de la separación de principios-causa suprasensibles y lo sensible (Oñate, 2005). Acaba de nacer una onto-teo-logia.

El platonismo sólo es real como ontología en su propia caverna.

LA FILOSOFÍA COMO SISTEMA: CONSECUENCIAS

Este es el camino que la filosofía cruza bajo la hipótesis de totalidad. Un camino donde, como decía Parménides en su Poema: “común es para mí aquello desde donde comienzo, pues allí volveré nuevamente”. La filosofía, para ser filosofía, para convertirse en pensar, debe hacerse justamente posible dentro de sus propios limites y hacer real su propia necesidad. Quizás la filosofía no se continúa y, inevitablemente, tiene que volver a empezar. 

BIBLIOGRAFÍA

Fraile, G: “Historia de la Filosofía”, 2005.

Marzoa, F: “Historia de la Filosofía”, 2010.

Oñate, T: “El nacimiento de la Filosofía en Grecia: Viaje al Inicio de Occidente”, 2004.

Lorite, J: “El Parménides de Platón, ¿Parricidio o Suicidio”, 1992.

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