Crónica del acto “Entusiasmo y precariedad en la cultura-red” de Remedios Zafra

Coincidiendo con el día mundial de la filosofía, la V edición del festival de pensamiento “Barcelona Pensa” volvió a impregnar la ciudad de sesiones maratonianas de filosofía, sesiones que cada día cuentan con más adeptos; ni la tormenta ni la fría noche fueron capaces de evitar que cada uno de los más de 20 actos programados dentro del festival fueran todo un éxito, incluyendo aquellas sesiones tan especiales que tienen lugar a altas horas de la madrugada.

Este artículo se focalizará en el acto central del festival celebrado en el Ateneu Barcelonès. En éste, Remedios Zafra nos advierte de las formas en que la academia más ortodoxa perpetúa su hegemonía a través de explotar el entusiasmo. Comenzamos.

Remedios Zafra (izquierda) y Nuría Miras (derecha). Foto: Alba Lafarga (Barcelona Pensa)
Remedios Zafra (izquierda) y Núria Miras (derecha). Foto: Alba Lafarga (Barcelona Pensa)

Entusiasmo y precariedad en la cultura-red

Sucede que en la actual España y en muchos otros lugares de Occidente, estamos ante los primeros casos en que familias de clase media baja tienen acceso a formar parte de la élite académica. Este es un fenómeno que no debe pasarse por alto, advierte Remedios Zafra, pues si tenemos en cuenta que todo pensamiento sirve de una manera u otra para romper el consenso, para perturbar, para traer encima de la mesa cuestiones que parecían superadas y/o asimiladas. En suma, podemos decir que todo pensamiento es en realidad acción política. Y como tal, estas nuevas voces políticas encontrarán resistencias, dinámicas de apropiación y alienación en una configuración de la sociedad marcada por la tiranía de la visibilidad, del ser visibles, una nueva cultura construida entorno al agotamiento y el miedo produciéndose un vaciamiento de lo crítico en beneficio de lo superficial, en beneficio de la imagen; lo que llamamos cultura-red. De hecho, los que han tenido la oportunidad de intercambiar algunas palabras con académicos, doctorandos o auxiliares de investigación, habrán notado que bajo la entusiasta superficialidad con la que explican su situación profesional se encuentra un cansancio abrumador, un agotamiento que dificulta la creatividad y la innovación en el espacio académico, y que ya ha sido tratado por numerosos investigadores que se encuentran con la necesidad de denunciar esta problemática – ver aquí.

Así, la inclusión de miembros de familias de renta baja en la academia y el agotamiento generalizado que recorre los departamentos de investigación pueden parecer fenómenos independientes, pero forman parte de una dinámica que expulsa del sistema toda forma de pensamiento crítico, toda forma de pensamiento lento, de auténtica reflexividad.

La tesis que defiende la conferenciante es que, en la sociedad actual, dada esta nueva configuración, el éxito académico corresponde al más entusiasta. Como es natural, esta actitud entusiasta deriva de ver la academia como un espacio de libertad creativa. Contrariamente, la realidad nos dice que esta academia no hace más que instrumentalizar el entusiasmo para “seguir engrasando la maquinara competitiva del capitalismo” que ha invadido el espacio del pensamiento. Trabajos temporales y conferencias sin honorarios son los ejes en que todo entusiasmo y libertad de pensamiento es capitalizada y perpetuada a golpe de analgésico.

Esta dinámica tiene un punto de partida y unas formas de reproducción que es necesario explicarlas con detalle. Primero, el actual trabajo académico se desdobla en dos actividades, la actividad burocrática y la producción científica. Y sucede que la primera condiciona la segunda. Según Luís Moreno, los investigadores emplean alrededor del 60-70% de su tiempo útil en tareas burocráticas, en “papeleo”. El trabajo administrativo es un fenómeno reciente y suele recaer, como es normal, en los becarios y asistentes que ven como sus tareas académicas quedan reducidas a justificar exhaustivamente los gastos del proyecto. Además, a esta burocracia se le suma los barómetros con los que ahora la administración y las instituciones científicas miden el rendimiento de sus trabajadores. Cada vez con más frecuencia, da igual lo que escribas, lo que pienses, lo único importante es que consigas publicar en una buena revista. Esta tendencia a cuantificar el éxito hace de la producción científica una producción manipulable, donde prima el rigor predictivo y no el reflexivo.

Y es que en este espacio antropológico propio de nuestras sociedades-red, la velocidad y el exceso son los ejes sobre los que pivotan las nuevas formas de poder. Se pensó, en algún momento, que la red se construye de forma horizontal, des-jerarquizada, gracias a las aportaciones de los usuarios que en ella participan. El problemaes que esta participación genera un exceso considerable de contenidos que da lugar a nuevas formas de jerarquía en la gestión de dicho exceso. Google es ahora quien dicta en qué consiste el valor: lo más leído, lo más vito, lo más compartido. Y como no podía ser de otra manera, esta situación favorece una cultura basada en la estadística en que los ojos son la nueva moneda, una cultura donde padecer es preferible a ser. Y es que nos encontramos, según la conferenciante, en una deontología del gustar, en que es necesario seguir siendo visto para seguir existiendo, creando un marco relacional con nuestros similares en que se exprime la máxima de la modernidad de acumular, no ya producto material sino información, información personal. ¿Qué opinas? ¿cómo te sientes? ¿en que estás pensando? o ¿dónde has estado? son preguntas que cada vez vemos con más frecuencia en nuestros dispositivos electrónicos conectados en red y aunque en un primer momento responder era voluntario, las formas de relación con el entorno propias de la cultura red nos llevan a una relación tiránica, en que la serotonina del “like” nos vuelve adictos.

Es esta la dinámica que se ha trasladado dentro del espacio académico. La precariedad laboral del ámbito científico entiende el trabajo como un premio que puede permitirse ser pagado con capital simbólico, con visibilidad, con “likes”, imponiendo una lógica en el que salario no es igual a dinero, sino a oportunidad. Y aquí es donde se ve con más claridad que esto es un problema de clases. Pensad que a llas cotas altas de la sociedad esto no le supone ningún problema, pero las clases bajas no lo tienen tan fácil, ya que nadie puede vivir de capital simbólico eternamente. De callejón en callejón, de trabajo en trabajo, de proyecto en proyecto, el entusiasmo de estas nuevas voces entra en crisis y es desplazado de la esfera productiva, donde se entiende que lo importante es engrasar el sistema para subsistir en él, procediendo a un vaciamiento de lo crítico, un baile de máscaras que alcanza a unas ideas cada día más vulnerables.

Y es entonces el momento en que está revista se pregunta, más allá de las estrategias para evitar la precariedad laboral que hemos comentado, ¿qué opciones le quedan a la academia para seguir construyendo conocimiento? Urge encontrar nuevos compromisos con la verdad en los que ni el poder ni el dinero jueguen ningún papel; y para ello es necesario favorecer el pensamiento lento, aquel que rompe consensos para alcanzar la certeza en el contenido, en lo que se piensa. Y si las instituciones típicas no lo permiten, me temo que nuevas estructuras de pensamiento abrirán el camino.

REFERENCIAS

Compartir:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *