“¿Cuarta ola? Retos del feminismo” Debate en el Barcelona Pensa

Durante la semana del 18 al 23 de noviembre tuvo lugar el Barcelona Pensa, un festival filosófico promovido por la Facultad de Filosofía de la Universidat de Barcelona. En el Auditorio del Pati Maning se realizó el debate “Quarta onada? Reptes del feminisme”, con las ponientes Dolores Pulido, Marta Vergonyós, Sònia Estradé (sustituyendo a Fátima Aatar ) y Núria Sara Miras, quienes compartieron su experiencia y opinión sobre la denominada “cuarta ola” en el feminismo actual, además de una visión introspectiva en la cuestión del feminismo.

Actualmente la evolución del feminismo se entiende por olas cronológicas, situando la primera en el siglo XIX, protagonizada por la lucha de las sufragistas por la igualdad de derechos civiles; la segunda, situada aproximadamente entre 1960 y 1980, se caracteriza por la ampliación del activismo feminista al espacio laboral, la sexualidad, la familia y los derechos reproductivos; y la tercera, que empieza a mediados de los 90, se centra en la lucha por la defensa de los derechos reproductivos, la denuncia de la violencia de género y romper con la brecha salarial. El movimiento queer es absorbido, y entra a escena el cuestionamiento del binarismo a la vez que se presenta al sistema patriarcal como el enemigo del feminismo.

Pero algunos presentan la opción de que ya no nos hallamos en la tercera, sinó en la cuarta ola, gracias a la era virtual. ¿El traslado de la lucha feminista a las redes sociales puede ser considerada una nueva ola?

Núria Sara Miras, tras introducir el tema del debate con este eje cronológico de las olas, planteó las siguientes dos preguntas (y su consecuente explicación) para iniciar el debate:

¿Nos convence la metáfora de las “olas” para describir la actual militancia feminista?

Una ola se entiende como un gran movimiento social que empuja todo a su alrededor, muy plural, sin individualismos. Más que ideas individuales, se tiene en cuenta el movimiento, pero, ¿y lo que pasa después? Una ola viene y va, implica una regresión (que se podría entender como la fuerte respuesta neoconservadora que está apareciendo por europa, o como una “salida de moda” del feminismo).

¿Vale la pena el agotamiento que va de la mano de ser feminista?

Muchas veces la militancia feminista implica una especie de omnipresencia en múltiples ámbitos a la vez que la sensación de que el feminismo se presenta como algo más superficial, como una moda, para tener una imagen más simpática desde las instituciones. Este sobreesfuerzo unido a pocos resultados puede ser muy desmotivador.

La primera intervención fue a cargo de Dolores Pulido, quien presentó desde su propio testimonio un  recorrido por la historia de lo que ha sido el movimiento feminista en un ámbito local, para situarnos en la situación actual y entender las peripecias de la lucha.

Empezó explicando el principio del movimiento feminista dentro de Cataluña, que se hizo presente en los años 60, en pleno régimen franquista, al aparecer grupos de mujeres dentro del ámbito académico. Pulido aclaró sobre este primer momento que el vínculo existente entre el feminismo y el movimiento antifranquista se debió a que éste ofreció un espacio de lucha contra de la opresión a la mujeres, que propició un incipiente movimiento feminista, demandante de reformas legislativas y derechos. Con la transición llegaron concurridos debates feministas, la institucionalización del movimiento feminista con la creación del Instituto de la Mujer (1983) y importantes reformas legislativas (eliminación del adulterio como delito, reconocimiento del divorcio, despenalización parcial al aborto…). Ésta dinámica perduró hasta la caída del Muro de Berlín, que supuso un cambio de paradigma en cuanto a la organización y motivación del movimiento, aunque esto dió más fuerza al establecimiento de grupos institucionalizados y académicos.

Con el cambio de milenio (y de ola), aparecieron nuevos términos en consideración, como los cuidados como respuesta crítica al sistema capitalista, y hubo un cambio de discurso: ya no se hablaba solo de la situación de la mujer, sinó más bien de aquellos precarizados por el patriarcado. Ello visibilizó a personas marginadas por su opción sexual e identidad, y el movimiento queer fue integrado en el movimiento feminista. Se empezó a hablar del sujeto del feminismo. Y con ello, arrancó toda la crítica a la política de representación. Con esta nueva concepción de lo que significaba la lucha feminista, y tras más de 40 años teniéndola presente en la sociedad, las mujeres pudieron conectar y empatizar entre ellas con aquello que las afectaba, pusieron en común situaciones de violencia y precariedad que vivían por el hecho de ser mujer, y se entró en lo que la poniente calificó como un punto de no retorno. Con la globalización del siglo XXI se reforzó la lucha feminista, y se volvió un movimiento común e internacional.

Terminó la ponente refiriéndose a las grandes movilizaciones acontecidas durante la decada de 2010, que cuestionaban el sistema de representatividad, y a la respuesta a la llamada colectiva de cientos y miles de mujeres que fue la huelga del 8M de 2018, la expresión hegemónica de un movimiento social que fue un éxito, gracias al trabajo de infinitas horas de voluntariado de mujeres, y a la organización de  pequeños núcleos.

Siguió Marta Vergonyós, quien cuestionó la existencia de una cuarta ola feminista, y argumentó que la repercusión que ha tenido la evolución tecnológica del siglo XXI en el feminismo no implica necesariamente la existencia de  una nueva cuarta ola, sinó más bien una extensión de la tercera con los recusos añadidos que aportan las redes sociales.

Respondiendo a la primera pregunta de Miras, la poniente insistió en que la metáfora de la ola no sirve en el presente, pues una ola va y viene, implica un marco espaciotemporal concreto, y el feminismo al que se ha llegado no es transitorio, y por tanto desborda esta definición. Es necesario replantear esta metáfora para explicar el feminismo actual: no se trata de una ola, sinó de un mar entero. Se necesita un giro epistemológico para no repetir el error en explicar de nuevo una histografía androcéntrica, eurocéntrica, patriarcal y colonial. Hasta ahora se podía hablar de olas porque el feminismo se presentaba como una perfecta linea cronológica, pero en realidad ha habido gran número de movimientos sociales  liderados por mujeres previos a las sufragistas. ¿Donde se situaría a estas mujeres previas? Esta limitación espacio temporal que viene intrínsicamente ligada al término de las olas es problemático, el espaciotiempo legitimado no sirve para explicar la lucha feminista.

La poniente presenta el movimiento de liberación de las mujeres com una “invención” constante, sin una doctrina fundacional clara ni existente a diferencia de otros -ismos. El que no haya un modelo histórico puede parecer caótico al principio, pero en realidad es la mejor noticia que se podría dar, porque sin modelo previo podemos crear el que más se adapte a las necesidades del momento y del lugar, hay un espacio para la deconstrucción y las sorpresas (como la insospechada repercusión que tuvo el movimiento #MeToo)

Actualmente, después de esta viralidad que ha aclanzado el feminismo, se puede decir que está de moda, pero ¿cuál es el feminismo que está de moda? ¿Cuál es el feminismo que entra amablemente en las instituciones? ¿Y porque es éste el feminismo que cae en simpatía? Quizá es porque es el que no modifica al sistema. Como respuesta a esta imagen tan superficial de una lucha que lleva décadas existiendo, se deben crear y sostener espacios de praxis feminista, espacios fragiles y vulnerables, que requieren un seguimiento, que recuerdan que el feminismo es un espacio de lucha. Espacios lejanos a ser cómodos para las dinámicas institucionales, comunidades de interacción y relación interseccional, de mujeres diversas y interseccionales. No se trata solo de espacios de resistencia, sino también de representación y creación.

Desde un posicionamiento existencialista[1] cerró el debate la poniente Sònia Estradé. Su intervenció se centró en la relación feminismo – academia, y la finalizó respondiendo la segunda pregunta de Miras.

Estradé desarrolló el concepto de la segregación sexual horizontal y vertical partiendo de  datos estadísticos procedentes del mundo académico y así, afirmo que hay más alumnas que alumnos en las universidades, y sin embargo la distribución de sexos entre las carreras no es equitativo; por ejemplo, solo el 25% de estudiantes de física, o el 20% de deganos y rectores, son mujeres. Estas estadísticas dan a entender que una mujer no es un físico o un catedrático, que elegir cursar una carrera que “no es de mujeres” es elegir vivir de manera disidente a la norma. Con ésto, la poniente afirmó que se puede entender esta situación como una de violencia coactiva hacia la mujer, y que la lucha feminista puede ayudarse de la nueva capacidad de comuncación aportada por las redes sociales para hacer más liviana la experiencia universitaria, aunque insistió en que los espacios virtuales aportan una ampliación de medios, pero no una nueva ola.

Con este nuevo aforo para una comunicación más horizontal, el mundo académico debería poder dar una perspectiva más feminista, recuperar figuras (mujeres) históricas que se han ido olvidando o exluyendo de los libros, incluír feminismos en los contenidos académicos. Parece evidente, pero no lo es, la universidad carece de una perspectiva de género que necesita urgentemente. Estradé no pudo insistir sufientemente en la necesidad de encontrar un punto común feminista para articularse las mujeres, con el objetivo común que es este cambio de paradigma académico (como es el caso de la reciente Asamblea Feminista de la UB, profesoras de la universidad con una finalidad común), hacer entrar el feminismo en la estructura de la academia, en esta estructura basada en la figura del pensador solitario que llega a la verdad “como un falo a caballo”. ¿Porqué es tan difícil cambiar esta mentalidad? Respondió ella misma su pregunta: Porque la parte institucional separa los títulares de la acción como tal, y los vacía de contenido.

La situación que presentó como respuesta a Miras fue la siguiente: nos encontramos ante mujeres que trabajan desde la base para incorporar la perspectiva de género, para aportar el feminismo a las instituciones, pero se hallan ante estructuras con un gran mecanismo de defensa, que cogen sus mensajes y los superficializan, manteniendo solo la fachada de “feminista”, pero sin el contenido resultante de todo el esfuerzo previo. Y entonces, en un intento de influir sobre las políticas de las instituciones, aquellas que militan acaban participando en la cultura del entusiasmo, trabajar gratis. La institución se empodera de la superficialidad de todo el trabajo hecho, y el resultado no es ni la mitad de profundo que el proyecto original. Ésto es una situacion altamente desmotivadora para las militantes, pero si no se hiciera todo este trabajo, aunque el resultado sea lento, sería un error. Hace falta un input feminista, aunque salga caro. Es un trabajo poco agradecido con la promesa de un futuro mejor.

La idea general que quedó tras el debate fue la de que la nomenclatura de “cuarta ola” es desafortunado, pues no se puede considerar como tal, no ha “sufrido” los retos de las anteriores, a la vez que el concepto de “ola” cada vez es más obsoleto y anticuado. Aún así, las redes sociales sí que han marcado un antes y un despues a la fuerza de la lucha feminista, pero ésto se debe entender no como un beneficio para el feminismo, sinó como una moneda de dos caras: por un lado, la repercusión sobre la sociedad ha sido inaudito y las respuestas al nuevo enfoque del movimiento han tenido una expansión insesperada; pero por el otro lado, con más facilidad se está presentando como una moda y se está diluyendo el mensaje con el fin de acontentar el sistema. Y la única manera de evitar que pase de moda es a base de organización y insistencia en la causa.


REFERENCIAS:

[1] según el cual existen  campos de cierta violencia que actúan sobre las mujeres y limitan los márgenes del camino que determinan qué es hacerse mujer

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