El Dilema de los Universales

La cuestión del conocimiento ha sido debatida de forma extensa a lo largo de toda la historia de la filosofía y plantea, principalmente, dos escenarios complementarios: por un lado ¿existe una realidad a conocer? y por el otro lado ¿Cómo puedo adquirir ese conocimiento? Estas dos cuestiones, pero, se abordan de forma diferente dependiendo de la respuesta que demos a la pregunta: ¿Cómo se determinan la realidad y los conceptos que proceden de ella? 

De aquí nacen, principalmente, dos corrientes (con todos sus matices y divergencias internas) que se contraponen entre sí: el realismo, con raíces platónico-aristotélicas, y el nominalismo. La principal diferencia entre una y otra es que mientras que la primera afirma la existencia de un universo de esencias – un reino ideal de formas, modelos y arquetipos responsables del orden y la ley – que sostiene el mundo sensible; la segunda niega cualquier tipo de concepto universal independiente, afirmando que estos universales son solo palabras para denominar las cosas concretas, y, por extensión, solo estas realidades concretas existen, es decir, no es extrapolable a múltiples escenarios.

Si bien es cierto que tanto Platón como Aristóteles defendían tesis realistas, éstos discrepaban en el lugar en donde se encontraban las esencias. Para Platón, fiel a su dualismo ontológico, existía una separación estricta entre el mundo de las Ideas y las cosas sensibles y, además, los seguidores de esta corriente atribuyen a las esencias anterioridad respecto a los entes particulares, esto es, las cosas que encontramos a nuestro alrededor. En cambio, Aristóteles y sus seguidores sostuvieron que las esencias/arquetipos están inscritas en las realidades mundanas –“están dentro de ellas”-, se podría decir que defendían un realismo moderado. En cuanto al nominalismo, también se pueden separar dos corrientes internas, una moderada, la cual acerca posturas con el conceptualismo[1], aceptando que no hay esencias universales y que los conceptos son signos que agrupan a los individuos con características similares, y otro más radical donde se afirma que los signos identificados como comunes son “artificiales”.

Eric Cano Cobano (2017): “Los Otros”, Utrech (Holanda)

Con el dilema de los universales se llega, por lo tanto, a abrir dos caminos distintos que conducen a la realidad, dos caminos que se bifurcan para contraponer incluso la razón y la fe. De hecho, fue la Teología cristiana de la Edad Media la que recogió partes de las Tesis platónicas (San Agustín como principal exponente) y aristotélicas (Santo Tomás como principal referencia) para intentar justificar de forma racional la existencia de un orden mundial regido por Dios, omnisciente y omnipresente. Son dos caminos que, al contraponerse, incluso pretender poner en duda la propia ciencia que, a través de la observación y experimentación, ha ido instaurando universales “aristotélicos” que poco a poco se han ido derrumbando y renovando. Por lo tanto, no se trata entonces de negar la existencia de verdades universales, se trata del hecho de no afirmarlas por el momento, instaurando así un espacio de crítica dentro de la verdad. Aun así, delante de la cuestión ¿Cómo puedo adquirir conocimento?, y tal y como hemos empezado diciendo, dependiendo la corriente a la cual nos suscribamos, cambiaremos la perspectiva con la cual vamos a abordar cuestiones como: ¿Qué es aquello que puedo conocer? ¿Cómo adquiero cierto conocimiento?

 

 

 

[1] Tesis que afirma que sí que existen “realidades universales” pero las identifica principalmente con los conceptos (punto en donde difiere con el realismo, el cual entiende los universales como ideas preconcebidas).
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