El Nihilismo de Europa

Europa se ha convertido en un continente asolado por la decadencia. La decadencia de su espíritu. Europa, y aquí me gustaría dejar claro que me refiero sobre todo al conjunto de países que forman parte de este conglomerado llamado Unión Europa y que se autodenominan Occidente, se ha construido a partir del miedo y la renuncia a toda identidad porque, en definitiva, no hay ningún concepto más vacío que el de ciudadano europeo. Un concepto que se asienta única y exclusivamente en una categoría económica, creadora de una “sociedad técnica” que trivializa cualquier aspecto de la vida que no se pueda medir en términos de eficacia o eficiencia. Una sociedad que ignora el concepto de cultura y su capacidad para resolver todas esas cuestiones destinadas a preguntarse por el destino y significado de la vida y la existencia. Una civilización que, en definitiva, encoge los hombres ante todo aquello que verdaderamente importa.

Europa es un proyecto vacío; son un grupo de países que ante el miedo de perder aquello que consideraban su bienestar material han decidido renunciar a su bienestar espiritual y a su identidad. La Unión Europea, autodefiniéndose como Occidente, no deja de ser una agrupación de países que renunciaron a su identidad nacional ante la incapacidad que tuvieron de dominar al resto de sus vecinos, esto es, una tregua destinada a evitar la destrucción del viejo continente con el fin de dominar y repartirse el resto del mundo. Una unión cuya civilización se apoya en un modo de razonar científico-técnico y que tiene como objetivo último ser una máquina de dominación basada en la expansión de este modelo de civilización con el fin de erradicar el “caos” y la “barbarie”, un modelo profundamente etnocentrico. Desde la superioridad, pues, se expande una forma de vida dominada por el cristianismo en la vertiente de la espiritualidad, aunque con el tiempo el cristianismo se haya convertido en una máquina de control, sin fuerza espiritual, y por el liberalismo político en el ámbito de lo político. De esta manera, todo aquello que no acepta la cultura occidental queda excluido del mercado común y la economía global, reforzando la idea de que Europa es, en definitiva, un “modelo de trincheras” frente a la amenaza exterior. Las dos consecuencias lógicas que se derivan son: autoritarismo defensivo y racismo (i.e. Auge de los partidos ultraderechistas en Europa).

Ante la construcción de este “proyecto Europa” un nuevo ciudadano emerge. Un ciudadano que como comentamos en el último artículo ser caracteriza por ser un “individuo-cápsula” encerrado en sí mismo como una unidad y en donde los vínculos comunitarios y culturales están a punto de romperse. En definitiva, un ciudadano que es espectador, que tiene una función pasiva propiciada por el modelo de sociedad científico técnico en donde la relación de este con su alrededor está en decadencia porque, al fin y al cabo, vemos como el individuo no deja de ser la unidad mínima de la sociedad. Insolidario con su entorno, éste “se encierra en su propia cápsula que actúa como amortiguador en relación al vacío que lo envuelvo; su vivienda, su célula familiar, su automóvil, su sectorialización laboral, todo tiende a reproducir ese carácter encapsulado de su ser, de su existencia” (Argullol y Trías, 2002 p.54-55).  Aun así, con la expansión del “modelo Occidental” este individuo se ha convertido en el individuo ejemplo, el conocido como sujeto moderno, que ahora está en crisis y que Keith Cottingham supo representar a la perfección en su obra Retratos Ficticios:

Retratos Ficticios, Keith Cottingham (1992)
Retratos Ficticios, Keith Cottingham (1992)

En ella, podemos ver el retrato de tres jóvenes que personifican al individuo ideal: blancos, jóvenes, apuestos y atléticos. De hecho, sus posturas están inspiradas en los cánones compositivos de la sociedad pictórica y esta es la clave para que la imagen nos resulte tan familiar, pero ¿no os resultan algo inquietantes los retratos? Pues bien, el problema aquí está en que Cottingham no está retratando a tres jóvenes sino que está haciendo sujetos modelo a partir de mezclar distintos rasgos fisionómicos. Con todo, vemos como al final terminan por ser retratos de “no-personas” que parecen no tener absolutamente ninguna conexión con el mundo que los rodea, ni con ellos mismos, ni con el espectador. Encerrados en su propio mundo no son capaces de reflejar ninguna personalidad, ningún problema, ninguna intimidad, ninguna realidad. Son pura luz sin sombras: un ideal vacío (Aznar 2015, p. 92-93). Son, en definitiva, la representación del sujeto Occidental quien, sumergido en las leyes del capital y asolado por una profunda falta de deseo, parece incapaz de establecer una verdadera conexión con su alrededor, renunciando a todo su poder, entendido este como la capacidad de autorrealización y persecución de la esencia propia de uno mismo.

Hay que reconocer, por lo tanto, que el problema principal que comporta el nihilismo y que viene sufriendo Occidente es la de una sociedad sin deseo, sin Eros. El Eros es el motor de la vida, es el encargado de crear espacios “futuros” en los que colmar las expectativas, las utopías proyectadas, es el encargado de vivificar estas ideas porque precisamente lo que comporta el Eros es que la idea no se oponga a la realidad, sino que sirva como impulso hacia nuevos horizontes.

Así pues, deberíamos asumir de nuevo las “ideas” como voluntad de perfección no de un modo hierático, sino como un proceso, reivindicando así la existencia como una voluntad de perfección que, como hemos dicho antes, no es nada más ni nada menos que la posibilidad de poder ser de acuerdo con la propia esencia y que, en cualquier caso, debe desarrollarse partiendo de la complejidad de la vida, desde la confrontación con el Otro.


REFERENCIAS:

  • Argullol, R., y Trías, Eugeni (1992): “El Cansancio de Occidente”. Ediciones Destino, Barcelona, España.
  • Aznar Almazán, Yayo: ”Prácticas Artísticas Contemporáneas”. Ed. Universitaria Ramón Areces; 2015. Madrid, España.
Compartir:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Una idea sobre “El Nihilismo de Europa”