El relato de la objetividad: ¿qué es comprender? Vol. I

El historicismo se propuso la ardua tarea de buscar un método científico que, aún diferente al de las ciencias naturales, elevase el conocimiento histórico al estatuto de ciencia. No estamos frente a una corriente que, de forma inmediata, defendiese la posibilidad de conocer un suceso histórico objetivamente, describiendo de manera aproblemática una sucesión de acontecimientos desde la mirada de un observador exterior; sino frente a una corriente que, reconociendo esa dificultad, buscaba un camino que permitiera trasladarnos hasta el momento del suceso para así comprenderlo adecuadamente. La dificultad de su tarea residía en conjugar una descripción del suceso histórico desde su singularidad (debiendo ser comprendido tal y como se vivió) con el tiempo presente del investigador, del cual éste debía desprenderse para eliminar toda interferencia. De esta forma se pretendía alcanzar una comprensión de los eventos históricos que, aun siendo algo diferente al conocimiento proporcionado por las ciencias de la naturaleza, tuviese rigor científico.

Como vemos ya aparece en el historicismo el concepto de comprensión, el cual vemos constituirse como alternativa al conocimiento objetivo de las ciencias naturales. Sin embargo, para acabar de acotar el concepto en este estadio inicial veremos los cambios que planteó uno de los principales autores del historicismo: Dilthey. Fue este filósofo alemán quien introdujo de forma explícita, la hermenéutica en el historicismo y en su problema metodológico. Sus aportaciones siguieron manteniendo la distancia frente al positivismo, el cual calificaba de empirismo ingenuo y dogmático, sosteniendo, por el contrario, la idea de requerir de elementos propios del idealismo y del romanticismo alemán para la culminación de una verdadera ciencia histórica. De manera esquemática podemos ver que Dilthey explicitó la diferencia entre la comprensión de un suceso histórico y el conocimiento positivo de un suceso histórico a partir de tres diferencias principales que él mismo indicó entre las ciencias históricas y las de la naturaleza:

  1. El objeto de investigación: las ciencias históricas versan su estudio sobre el propio ser humano y, por tanto, sobre el propio investigador, mientras que las de la naturaleza se centran en el estudio de objetos exteriores.
  2. El modo de conocimiento: las ciencias de la naturaleza proceden a partir de la observación objetiva de los fenómenos, mientras que, por otro lado, las ciencias históricas requieren de la Erlebnis (entendida como vivencia o experiencia de vida) que se tiene del suceso para comprenderlo.
  3. El modo de explicación: Las ciencias de la naturaleza exigen explicaciones causales que eviten toda perspectiva individual, mientras que en las históricas la comprensión del evento siempre va a comportar una modificación de este: toda comprensión es una interpretación (Auslegung)

Esta escueta descripción de las características que Dilthey atribuyó a las ciencias históricas para diferenciarlas de las de la naturaleza nos brinda un mayor acercamiento al concepto de comprensión. Vista la distancia que los historicistas marcaban entre la comprensión y el “conocimiento positivo”, empieza a quedarnos claro la posibilidad de entender la comprensión desde una perspectiva alternativa. Por supuesto, todo ello enmarcado respecto a los sucesos históricos del pasado. Será cuestión de tiempo llegar a tratar la comprensión desde fuera de las ciencias históricas, pero es importante aclarar antes todas las características que empiezan a germinar en ese momento.

Fijémonos en las indicaciones proporcionadas por Dilthey. De forma explícita, vemos que el filósofo historicista igualó la comprensión a la interpretación. Comprender adecuadamente ya no es conocer objetivamente, sino interpretar correctamente. Dicha innovación fue el resultado de la introducción de la disciplina hermenéutica en el historicismo. La hermenéutica anteriormente se había vinculado al desciframiento de textos que por un elemento de extrañeza (ya sea, por ejemplo, por la antigüedad del texto o por su lenguaje), requerían de un intérprete para su comprensión. Dilthey recogió esta tradición tal y como había llegado al romanticismo alemán para implementarla como el método adecuado para las ciencias históricas. El investigador de los sucesos históricos debía proceder de igual manera que el hermeneuta con un texto: de igual manera que la correcta interpretación de un texto antiguo requería captar parte de la psiquedel autor como, también, las determinaciones socioculturales y lingüísticas desde las que se elaboraba la obra, el historicista debía captar el espíritu (Geist) del pasado para así traducirla extrañeza de este a la familiaridad del presente.

Sin embargo, aun mantener las distancias con el positivismo y buscar una nueva fundamentación para las ciencias históricas apoyada en la hermenéutica, Dilthey no acabó de llevar a sus últimas consecuencias su planteamiento historicista. Algo que, más que ejemplificar la inviabilidad de atender a una concepción alternativa de la comprensión, resulta ser un hecho que remarca y delinea esta alternativa, que va, cada vez más, alejándose de la idea de objetividad científica. Dilthey buscaba llegar a superar la distancia temporal que separa el suceso histórico del investigador y, así, poder comprender el acontecimiento tal y como fue “objetivamente”, es decir, consiguiendo una interpretación objetivamente y segura del suceso. La comprensión, aún ligada a la idea de interpretación, quedaba entendida como un modo de conocer de forma segura lo condicionado por el momento histórico, como un modo de conocimiento que puede revivir, gracias a la interpretación, tanto el suceso histórico como la experiencia histórica del suceso. Pero, a pesar de todo, Dilthey no podía resolver la aporía en la que estaba quedándose encerrado: la idea de poder conocer de manera no condicionada consiguiendo un saber objetivo y, por lo tanto, ahistórico del suceso a partir de trasladar el suceso a una descripción familiar (y por tanto condicionada por nuestro presente histórico) es simplemente una empresa imposible.

La importancia que tiene centrarnos en Dilthey en este primer artículo, al margen del placer que proporcione al lector interesado sobre la historia de la filosofía y las ciencias históricas, se encuentra en enfocar la comprensión como un conocimiento condicionado por nuestra situación presente. Comprender, llegados a este punto, puede entenderse como un traer lo extraño a lo familiar, tornar lo desconcertante en algo determinado por nuestra situación presente. También hemos observado otro elemento importante para la determinación del concepto: requerimos de la vivencia de la cosa para su comprensión. Con Dilthey se empieza a derrumbar nuestra visión previa sobre el ideal de comprensión que encarna la figura del teórico y su método. Lentamente nos vemos dirigidos a atender más a nuestra particular vida práctica, a nuestra experiencia. La comprensión, entendida como una interpretación que traduce el desconcierto a una situación condicionada con la que estamos familiarizados, poco tiene que ver con la obligación científica de atender a los objetos desde ningún lugar particular; todo lo contrario, comprender exige situarse, situarse respecto a lo extraño, pero también respecto a lo familiar. Dilthey no pudo terminar su tarea de lograr un conocimiento científico porque no podía elevarse por encima de su condición presente: aunque pensara que la comprensión podía conseguir captar correctamente el pasado, esta aprehensión sólo valía para el tiempo presente desde el que se llevaba a cabo la interpretación. La comprensión no puede ser un conocimiento atemporal. Dilthey no es sólo una figura que nos haya proporcionado determinaciones para entender el elemento de comprensión, sino que, desde su tarea fallida, también muestra el principio de un fin: el de la objetividad metodológica como único modo de conocimiento válido.

En el siguiente artículo avanzaremos hasta principios del siglo XX y empezaremos a desligar a la comprensión y a la hermenéutica de sus vínculos con el historicismo, viendo cómo estas, de mano de Heidegger, se definen como elementos necesarios para tratar con el presente (y no sólo con los sucesos pasados). El trayecto recorrido hasta ahora es de gran importancia, pues, como veremos en próximo artículo, estas características resaltadas sobre el concepto de comprensión acabarán por transformar radicalmente al mismo: ya no podremos entender la comprensión como un modo de conocimiento, sino como modo de ser.


– Dilthey, W. (2000) Dos escritos sobre hermenéutica: el surgimiento de la hermenéutica y los esbozos para una crítica de la razón histórica.Madrid: Istmo.

– Ferraris, M. (2000) Historia de la hermenéutica. Madrid: Akal.

– Recas Bayón, J. (2006) Hacia una hermenéutica crítica. Madrid: Biblioteca Nueva.

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