El Tiempo de la Historia

Aunque la historia se nos haya presentado como un relato único, universal y objetivo, esta dista mucho de ser así. En realidad nuestro conocimiento de los sucesos históricos es parcial y fragmentado. Por ello, y ante la deriva nihilista a la que dialéctica de la historia nos aboca, exploramos nuevas maneras de entender nuestro pasado y, por extensión, nuestro presente y futuro. 

Reinhart Koselleck
Reinhart Koselleck

En los tiempos actuales, la voz de la modernidad – nombre que impone Heidegger al periodo que da inicio con Platón hasta nuestros días – muestra claros síntomas de afonía agónica la distancia que separa los conceptos que guían históricamente la modernidad de quienes la viven en tiempo presente se hace cada vez más insoportable. En este momento, caemos en un estado de histeria que, por agotamiento, nos conduce a un cinismo total que insta al ser humano a esperar “que el mundo exterior venga a él, y cuanto menor deba ser su aportación (apretar el botón), tanto más feliz”. Esta manera sumamente peligrosa de entender la felicidad nos lleva a querer reducir forzosamente las distancias temporales de nuestro tiempo presentándonos el pasado como presente (Colli, 1991: 29). Como consecuencia, el futuro se articula como condición a priori (Svampa, 2016: 132) y nuestra sociedad de masas se ve abocada a la generación de unos consensos aparentemente racionales que prolongan la tormenta de nuestro tiempo presente, incierto por necesidad, y que es aprovechado para vaciar todo significado de nuestro mundo. Todo ello hace insostenible seguir concibiendo la historia como acumulación, como orden secuencial, como linealidad cerrada.

Bajo este escenario, lo que trataré es de romper el juicio meta histórico que la razón ha impuesto sobre el individuo moderno, a saber, aquel que impone un pasado estático, enlatado y pleno de sentido para justificar el progreso racional del ser humano porque “en su aspecto acelerado tiende a suprimir cada vez más una auténtica experiencia del tiempo en la separación del pasado y el futuro: es la crisis del porvenir” (Uribe, 2016: 353) de una sociedad demasiado centrada en el presente. De esta manera, ante las repetidas crisis de nuestra época entendidas como fracturas entre lo que acontece en el tiempo y los patrones precedentes, la idea de progreso se ha dado de cara con la realidad. En consecuencia, el futuro no puede entenderse más como el conjunto de posibilidades que remiten de nuestra experiencia convirtiéndose en una pesada nada que suprime la tensión entre el ser – presente – y el pensarse – futuro por lo que nos vemos abocados a trazar nuevas metodologías de entender el pasado para encontrar soluciones a nuestro presente. Para ello, partiré de la teoría de la historia de Koselleck conocida como “Histórica” para tratar de esbozar nuevas formas de entender la historia.

La histórica (Historik) de Koselleck

En la experimentación moderna del presente se produce una disyunción entre el pasado, al que llamaremos espacio de la experiencia, y el futuro, el horizonte de expectativas. Como vemos, estos dos conceptos no remiten, en ningún caso, a una experiencia histórica concreta puesto que su origen es antropológico, esto es, ambas remiten a la condición humana universal y, por lo tanto, no están atadas a ningún contenido en particular (Svampa, 2017: 136). La historia, por lo tanto, debe entenderse desde el movimiento y el cambio lo que implica que en su propio significado la experiencia histórica queda vinculada a su conocimiento y viceversa (Koselleck, 1993: 127) aceptando así que “paralelo a la historia hay un relato de la historia” (Uribe, 2016: 353), esto es, una narración. Por lo tanto, debemos aceptar que la historia se construye a partir de la acción – invariable – y la conciencia – variable. Pensemos, por ejemplo, en la famosa película El Show de Truman (1998). Cuando Jim Carrey descubre que su mundo en realidad es un programa de televisión, su conocimiento del pasado cambia por completo y aunque no puede cambiar sus acciones en él, esto es, su espacio de experiencia, la narración de los hechos cambia por completo y su horizonte de expectativas. Por lo tanto, la Histórica es la teoría en que la historia se articula en base a su carácter temporal apoyándose en dos categorías: espacio de experiencia y horizonte de expectativas, desde las cuales podemos pensar el pasado desde una simultaneidad temporal, entendida ésta como un entrecruzamiento del plano de la acción con el de la representación.

Con todo, de lo que estamos hablando es que la teoría de la Histórica abandona la singularidad de la historia, es decir, su relato universal, acumulativo y perfectivo y da pie a analizar las condiciones de posibilidad de historias, en plural, a través de la interpretación y reflexión del pasado desde nuestra circunstancia apuntando siempre “hacía una bilateralidad propia de toda historia, entendiendo por tal tanto los nexos entre acontecimientos y su representación” (Koselleck y Gadamer, 1997: 70).  De esta manera, podemos liberarnos de ver la historia como un conjunto de antecedentes-acontecimientos-consecuencias ya que, aunque el pasado no puede ser transformado, las representaciones que tenemos de los sucesos son fragmentarias y, por lo tanto, nuestra manera de interpretarlo es parcial, nos hemos olvidado de su contexto.

La historia como género litearario

Bajo esta nueva metodología se le devuelve a la historia – como también a la filosofía – su carácter de género literario (Oñate, 2004: 22) permitiendo que, aunque los momentos no se repiten, las estructuras que dan lugar a dichos momentos sí, lo que convierte a la historia como un campo con múltiples centros de interpretación. Esto nos lleva a la concepción epistemológica que Guilles Deluze y Féliz Guattari explican en El Anti-Edipo (1998: 15): mientras que en la modernidad se impone una organización de la narración histórica – y también de los conceptos filosóficos – jerárquica, esto es, que cuenta con una base que da origen a múltiples ramas; el modelo de rizoma sostiene que cualquier narración que deriva de una anterior puede modificar su relación con el resto, afectando la interpretación de la narración total. Nada es más fundamental en esta concepción, todo afecta a todo y la capacidad autorreferencial de la disciplina se agota. En relación a la Histórica, la interpretación que resulta de las representaciones de las acciones que nos llegan fragmentarias puede hacer cambiar toda la concepción de nuestra historia, influyendo directamente en nuestro horizonte de expectativas, y, por ende, substituyendo la nada que hasta ahora representaba el futuro – véase la introducción de este texto – por nuevas posibilidades que surgen de nuestra voluntad de interpretar.

Ahora bien, esta interpretación de los hechos no debe ser, en ningún caso, en favor de unos intereses concretos sino a partir del estudio del lenguaje y del contexto original. En esto consiste la racionalidad hermenéutica, situado en el seno del método de la Histórica, en devolver al pasado su sentido, nunca más previamente determinado, para poder interpretarlo desde la mismidad, desde lo común, en igualdad de condiciones.

En definitiva, y me gustaría acabar con una frase que Teresa Oñate repite hasta la saciedad, estudiar la historia bajo esta metodología “abre la posibilidad a que el pasado nunca se agote y alberge en su interpretación lo posible de otros futuros”.


Referencias

  • COLLI, G. (1991): “El Libro de Nuestra Crisis” Traducción de Narcís Aragay. Ediciones Paidós Ibérica; Barcelona, España.
  • DELUZE, G. y GUATTARI, F. (1998): “El Anti-Edipo: Capitalismo y Esquizofrenia”. Ediciones Paidós; Barcelona, España.
  • KOSELLECK, R. (1993): “Futuro Pasado. Para una semántica de los tiempos históricos”. Ediciones Paidós; Barcelona, España.
  • KOSELLECK, R. y GADAMER, H. (1997): “Historia y hermenéutica”. Ediciones Paidós; Barcelona, España.
  • OÑATE Y ZUBÍA, T. (2004): “El Nacimiento de la Filosofía en Grecia. Viaje al Inicio de Occidente”. Editorial Dykinson; Madrid, España.
  • SVAMPA, M. (2016): “El concepto de crisis en Reinhart Koselleck. Polisemias de una categoría histórica”. Anacronismo e Irrupción, Vol. 6, Nº 11: pp. 131-151.
  • URIBE PEREZ, M. (2016): “Tiempo histórico y representación en la Histórica de Reinhart Koselleck”. Anuario Colombiano de Historia Social de la Cultura, Vol. 43, Nº 1: pp. 347-373.
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