El Trauma de las Imágenes: el tiempo y la fotografía

Dice Joan Fonctuberta que el 2011 inició un viaje acompañado de 6 artistas y 6 científicos al Polo Norte con ánimo de estudiar los efectos del cambio climático sobre la superficie glacial ártica además de ingeniar nuevas formas de concienciar al gran público. Es curioso cómo han cambiado los tiempos, pues hará poco más de 100 años, en el 1896, tres entusiastas suecos se disponían a descubrir por si mismos los misterios de esa gran masa de hielo situada a lo más alto de nuestro planeta. El entusiasmo no era casual; en ese momento existía un tipo de “carrera espacial” orientada al Polo Norte, es decir, no existía una motivación principal que no fuera la de demostrar superioridad tecnológica frente al resto de países que participaban – Rusia, Noruega, etcétera. Solo para que os hagáis una idea del entusiasmo que se vivía en esa época por aquel lugar, el viaje de estos tres suecos estuvo financiado por Alfred Nobel – pagó casi 1 millón de dólares de hoy – y fueron despedidos por las masas, y hasta por la monarquía sueca. El globo que diseñaron estaba capacitado para arrastrar una serie de pesados cables para que el viento no le arrastrase a su antojo. Lástima que el viaje no acabase como se esperaba: el globo donde viajaban no pudo soportar las extrañas y fuertes corrientes de viento que ahí tienen lugar a pesar de su interesante diseño y terminó chocando en la blanca inmensidad. En realidad, algo de esto si se esperaban. Disponían de trineos, una pequeña barca, víveres para varios meses y alguna que otra escopeta por si les era necesario cazar – cómo así lo fue. Aun así, tras descender muchos kilómetros buscando tierra los tres fueron declarados desaparecidos al cabo de un tiempo y su historia parecía casi olvidada.

Mientras J. Fonctuberta nos explicaba esta historia a mí y al resto del público asistente a la última conferencia suya, celebrada en “LaVirreina Centre de la Imatge”, creo que puedo acertar en que ninguno sabía exactamente donde podía terminar aquello, sobre todo teniendo en cuenta que nos acercábamos ya al final de a una interesantísima charla donde había recorrido gran parte de su obra.

Resulta que, en 1930, una pequeña expedición noruega encontró un bote de remos medio enterrado en la nieve cerca de la orilla de Kvitøya. Rebuscando en el interior de ésta encontraron una gran cantidad de suministros abandonados, una placa donde se podía leer claramente “Andrée Polar Expedition. 1896” y, lo que para Fonctuberta era más interesante, una cámara de fotos y varios carretes usados. Estas son algunas de las fotos que se pudieron revelar:

Strindberg, Nils (1896)
Strindberg, Nils (1896)
Strindberg, Nils (1896)
Strindberg, Nils (1896)
Strindberg, Nils (1896)
Strindberg, Nils (1896)

Preciosas, pero todavía hay más: estas son las mismas fotos editadas años más tarde por un prestigioso laboratorio de fotografía sueca para luego ser expuestas:

Strindberg, Nils (1896). Editada en 1930.
Strindberg, Nils (1896). Editada en 1930.
Strindberg, Nils (1896). Editada en 1930.
Strindberg, Nils (1896). Editada en 1930.
Strindberg, Nils (1896). Editada en 1930.
Strindberg, Nils (1896). Editada en 1930.

De la teatralización que parece existir en las segundas ante la crudeza y la expresión de las primeras surge la necesidad de entender la fotografía como algo más que la representación del instante concreto de una realidad. Hay algo más pues cuando hablamos de fotografía lo importante ya “no es la realidad representada sino la relación entre la fotografía y quien lo mira” (Flusser, 1985).

En el caso que nos ocupa, la diferencia entre la fotografía original y la fotografía retocada radica en que mientras una es capaz de transmitirnos parte del sufrimiento de estas tres personas mostrando, en su propio “cuerpo”, como las duras condiciones climáticas han degradado su estado de la misma manera que ocurrió para nuestros protagonistas, las fotografías editadas no nos cuentan mucho más que una escena que pudo pasarle a “cualquiera”. Las improntas de las imágenes se convierten, de esta manera, en una forma de retórica.

Aparece aquí, y por primera vez, la importancia de la materialidad de la imagen. Esta, que se degrada, pone en jaque a aquello a lo que la fotografía quería retar a muerte: el tiempo. Pero cuando a un objeto le damos una función que no estaba pensada, pasamos de la evolución a la revolución, y esto es justamente lo que implica entender la fotografía también como algo material. De esta manera, “la imagen no se reduce a su visibilidad, la visibilidad no es el criterio determinante ni el único; participan procesos que la producen y pensamientos que la sustentan” (Fonctuberta, 2010).

Fonctuberta, Joan (2016): "Die Traumadeutung"
Fonctuberta, Joan (2016): “Die Traumadeutung”

Trauma, el último proyecto de Joan Fonctuberta, nace de la idea que la impronta de la imagen nos cuenta todo lo que necesitamos saber dejando, como fantasmas, lo que en un primer momento quería representarse, esto es, que el tiempo ha atrapado la imagen como en un primer momento la imagen atrapó al tiempo.

“El tiempo pasa, siempre acaba pasando, es cuestión de tiempo.” (Wagensberg, 2007)


REFERENCIAS:

  • Fontcuberta, J., “La Cámara de Pandora: la fotografía después de la fotografía”. Gustavo Gili, Barcelona, 2010.
  • Flusser, V., “Counter-Visión”. 1985.
  • Wagensberg, J., “El Gozo Intelectual: teoría y práctica sobre la inteligibilidad y la belleza”. Tusquets, Barcelona, 2007.
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