Feminismo y Arqueología: el estudio de las Representaciones Figurativas

            Bien es sabido que, a lo largo de la Prehistoria, las mujeres han sido representadas en gran cantidad de soportes y en multitud de formas distintas. Por este motivo, desde diferentes disciplinas y ciencias, ha sido común la preocupación en el estudio de las mismas, lo que ha llevado consigo una variabilidad de perspectivas que han desembocado en ideas e hipótesis más o menos coherentes y con más o menos preocupación en conocer la realidad y el contexto alrededor de las mismas.

            Así pues, podremos encontrar discursos enmarcados en la Historia del Arte más tradicional, en la que la mayor preocupación la encontraremos en la forma de la representación en sí, es decir, con un sentido más estético (Castro Martínez y Escoriza Mateu, 2009; Castro Martínez, Escoriza Mateu y Sanahuja Yll, 2001); o por otro lado, desde un punto de vista arqueológico que desarrollaremos a lo largo del presente artículo.

            En lo que respecta a la primera disciplina, la mayor parte de las investigaciones han centrado su discurso en el establecimiento de tipologías y en un análisis en el que se prioriza la forma de las representaciones, lo que lleva consigo el desarrollo de unas hipótesis con una clara tendencia a otorgar un carácter ceremonial a las mismas. En general, encontraremos concepciones que pretenden rescatar del pasado las “raíces” en base a la estética de este tipo de manifestaciones desde una perspectiva propia de las Bellas Artes. En este caso, el arte primitivo o la etnografía tendrán un papel fundamental como herramientas para la búsqueda de unos supuestos orígenes étnico-nacionales o culturales, normalmente ligados a discursos estéticos, sexistas y esencialistas, y que de hecho, le otorgan a estas supuestas “culturas” un carácter inmutable y atemporal (Castro Martínez y Escoriza Mateu, 2011). Este tipo de planteamientos encontraron su auge con el comienzo del Posmodernismo, momentos en los que la preocupación por acercarse a la realidad y las condiciones materiales de los hombres y las mujeres del pasado, ocupaban un lugar secundario (Castro Martínez y Escoriza Mateu, 2009: 40).

            Desde la Arqueología, podemos encontrar discursos tan ligados a la primera perspectiva anteriormente expuesta, que han llevado consigo la realización y el desarrollo de toda una serie de tipologías en base al estilo y estética de las representaciones. Entre los principales objetivos de este tipo de corrientes, encontramos el intento de emplear las representaciones y la iconografía como “fósiles directores” para llevar a cabo, por ejemplo, dataciones relativas. En este caso, lo que se pone de manifiesto, al igual que ocurre con la Historia del Arte más tradicional, es un interés único en la forma, sin atender al contexto y a la sociedad productora de dichas representaciones.

            Otra recurrencia muy común en el estudio de las representaciones dentro de este marco, es el empleo de arquetipos, donde las figuras en las que claramente se representan mujeres, son interpretadas como “diosas”, “vírgenes” o “diosas de la fertilidad”, y en el caso de los hombres, “dioses poderosos”, “cazadores”, “guerreros”, en definitiva, otorgan o intentan recurrir a una imagen “pasiva” de las mujeres y “activa” en la figura masculina (Getz-Preziosi, 1994). Esta imagen de las mujeres, tiende a debilitar el cuerpo de las mismas, se les niega su capacidad de “poder ser” y sus capacidades como colectivo, es decir, su contribución dentro de la sociedad, limitándolas solo a la función de ser madres, vírgenes para la procreación, diosas, etc. Obtenemos así un reflejo del colectivo femenino como un colectivo incompleto, con mujeres individualizadas y vulnerables (Lagarde, 2003).

            Como ejemplo de este tipo de idea, tenemos las hipótesis planteadas por Getz- Preziosi (1994, 1980) para las Figuras Cicládicas, esculturas de bulto redondo fabricadas en Las Cícladas entre los años 3000 cal ANE hasta el 2200 cal ANE, en las que algunas de éstas aparecen con los órganos sexuales representados, pero otras, a pesar de no estarlo, han sido sexuadas en función de la “actividad” específica que parece representarse. Así, representaciones interpretadas por este autor como guerreros, han sido consideradas figuras masculinas, mientras que las mujeres, representadas en estado de gestación, son consideradas por este autor con actitud “pasiva”, sin atender al trabajo que aparecen desempeñando.

Figuras Cicládicas consideradas como hombres guerreros. La figura de la izquierda, ha sido interpretada como figura femenina transformada en masculina, únicamente por la incisión en diagonal que le recorre el pecho (Getz-Preziosi, 1980). Fuente: GETZ-PREZIOSI, P. “The Male Figure in Early Cycladic Sculpture”, en Metropolitan Museum Journal, Vol. 15, The University of Chicago Press, 1980, pp. 5-33. GETZ-PREZIOSI, P. Early Cycladic Sculpture: An Introduction, Malibú: The J. Paul Getty Museum, 1994.
Figuras Cicládicas consideradas como hombres guerreros. La figura de la izquierda, ha sido interpretada como figura femenina transformada en masculina, únicamente por la incisión en diagonal que le recorre el pecho (Getz-Preziosi, 1980). Fuente: GETZ-PREZIOSI, P. “The Male Figure in Early Cycladic Sculpture”, en Metropolitan Museum Journal, Vol. 15, The University of Chicago Press, 1980, pp. 5-33. GETZ-PREZIOSI, P. Early Cycladic Sculpture: An Introduction, Malibú: The J. Paul Getty Museum, 1994.
Figura Cicládica embarazada. Fuente: GETZ-PREZIOSI, P. Early Cycladic Sculpture: An Introduction, Malibú: The J. Paul Getty Museum, 1994.
Figura Cicládica embarazada.
Fuente: GETZ-PREZIOSI, P. Early Cycladic Sculpture: An Introduction, Malibú: The J. Paul Getty Museum, 1994.

            Otro caso lo encontramos en las figuras de Valdivia (Ecuador). Se trata de unas esculturas en bulto redondo en las que principalmente se representan mujeres, encontradas en la costa sur de Ecuador, algunas de ellas embarazadas, dando a luz o con una criatura en los brazos. Estas fueron realizadas por la sociedad conocida comúnmente, y desde una perspectiva histórico-cultural, como la Sociedad de Valdivia, fechada entre el 4400 y el 1450 cal ANE. Se trata de una ocupación bastante larga, la cual abarca el llamado Periodo Formativo Temprano. Este periodo de Valdivia, ha sido dividido en 8 fases diferentes a través de la tipología cerámica y de las propias figuras (Hill, 1975). En este caso, una de las hipótesis principales, bastante apoyada por la comunidad científica, versa sobre el posible uso-función que estas figuras pudieron tener en un supuesto “Ritual de pubertad”. En este caso, las figuras serían un posible reflejo de determinadas edades o fases biológicas de las mujeres en función del tipo de rapado que al parecer se ha representado en las mismas y la forma e intensidad en la que se manifiestan los órganos sexuales. En lo que respecta al ritual, tomando como fuente de información etnográfica la observación de otras sociedades de las cuencas de los grandes ríos de América del Sur, éste consistiría en una ceremonia en la que se arranca el pelo de las más jóvenes como paso a la pubertad femenina (Rice, 1981: 402-412; Capua, 2002). A todas luces, se trata de una actividad violenta hacia el cuerpo y la vida de las mujeres, un modo de marcar a las jóvenes para manifestar que ya están en edad reproductiva. Además, debemos añadir que no se han encontrado pruebas en el registro arqueológico, sobre todo en base a análisis bioarqueológicos, que confirmen esta interpretación.

            Lo que conllevan estas hipótesis, es la contemplación del cuerpo de las mujeres como algo que debe ser situado especialmente como objeto de vida o para el goce de los hombres, lo que comporta una manera de anular la sexualidad femenina (Castro Martínez y Escoriza Mateu, 2011: 111).

igura de Valdivia embarazada. La Producción de Sujetos Sociales constituye una actividad económica fundamental para la continuidad de la vida social. Fuente: http://www.precolombino.cl/coleccion/figura-antropomorfa-embarazada/
Figura de Valdivia embarazada. La Producción de Sujetos Sociales constituye una actividad económica fundamental para la continuidad de la vida social. Fuente: http://www.precolombino.cl/coleccion/figura-antropomorfa-embarazada/ 
Figura de Valdivia embarazada. Fuente: Fuente: http://www.alabado.org/?q=culturas-precolombinas/cultura-valdivia/fertilidad-valdivia
Figura de Valdivia embarazada.
Fuente: Fuente: http://www.alabado.org/?q=culturas-precolombinas/cultura-valdivia/fertilidad-valdivia

        Si nos centramos en las figuras en las que se manifiestan las actividades de dar y mantener vida, éstas han sido interpretadas comúnmente como diosas de la fertilidad, de la agricultura o vinculadas a una sociedad matriarcal, de la cual no hay manifestaciones en el registro arqueológico (Estrada, 1956; Meggers et al, 1959; Zevallos y Holm, 1960; Holm, 1987: López, 1996). Sin embargo, no se incide en lo fundamental, que es el hecho de que se esta reproduciendo un trabajo específico para el que solo las mujeres están capacitadas. En este sentido, asociarlas a este tipo de cultos, lo que lleva consigo es que se naturalice la producción de sujetos sociales y se contemple como una función esencial de las mujeres, y por tanto, como un trabajo secundario respecto a otros que comúnmente suelen ser asociados a los hombres, como la caza o actividades bélicas (Sanahuja Yll, 2002, 2007). Además, debemos añadir que en muy pocas ocasiones, este tipo de figuras han sido consideradas como el reflejo de una actividad económica, absolutamente esencial para la continuidad de la vida, de manera que el cuerpo de la mujer conforma la base de la creación de nuevos sujetos que se socializarán y que llevarán a cabo la reproducción social.

            En base a los planteamientos expuestos, desde nuestra perspectiva, consideramos que no tener en cuenta todos estos aspectos llevará consigo la marginación de las relaciones entre los sexos, sobre todo en lo que a respecta a situaciones de reciprocidad o explotación entre los mismos. Dicho de otro modo, no considerar la Producción de Sujetos Sociales y su Mantenimiento como trabajos, llevará consigo que otras tareas sean llevadas a cabo por las mujeres y que, por tanto, cuenten con una sobrecarga que desemboca, sin duda alguna, en relaciones de explotación (Falcón y Sanahuja Yll, 1980; Castro et al, 1998; Castro Martínez y Escoriza Mateu, 2011: 107). Es por ello, por lo que resulta imprescindible poner en nuestro conocimiento qué tipo de redes de relación eran las existentes entre hombres y mujeres, lugar en el que se constituye la vida social (Sanahuja Yll, 2007). De la misma manera, las representaciones figurativas también son gestionadas en situaciones de relación y son producto de prácticas sociales llevadas a cabo por mujeres y hombres en lugares sociales, por lo que realmente nos darán información en los contextos arqueológicos en los que éstas se han visto implicadas (Escoriza Mateu, 2002: 28).

            Por tanto, desde la Arqueología Feminista, y tomando en consideración lo anteriormente expuesto, consideramos oportuna una nueva perspectiva de análisis de las Representaciones Figurativas, en la que nos alejemos de la iconografía y de las corrientes esencialistas, sexistas y universalistas. Abogamos por la necesidad de observar las mismas como materialidad social y producto de un trabajo específico, y nos acerquemos a la realidad de las prácticas sociales en las que fueron producidas, es decir, siempre deben ser analizadas en relación al contexto arqueológico. Insistimos también en la necesidad de sexuar las figuras, y en definitiva, el pasado, puesto que es de esta manera en la que conoceremos las condiciones materiales en las que se vieron involucrados los colectivos sexuales pretéritos, así como su relación entre los mismos: conocer la existencia de reciprocidad o explotación entre sexos o una posible división sexual del trabajo (Escoriza Mateu, 2002, Sanahuja Yll, 2002).

Representaciones femeninas en la cueva de Cogull (Lleida). Escena interpretada como una danza. Fuente: http://ies.alamedadeosuna.madrid.educa.madrid.org/arte/prehist/cogul.htm
Representaciones femeninas en la cueva de Cogull (Lleida). Escena interpretada como una danza. Fuente: http://ies.alamedadeosuna.madrid.educa.madrid.org/arte/prehist/cogul.htm

            Todo esto nos lleva a tener en consideración la manera en la que normalmente ha sido contemplada la diferencia de las mujeres, concebida de manera restringida mediante un modo en el que la imagen de las mujeres y su cuerpo ha sido considerado de forma fragmentada (Lagarde, 2003; Sanahuja Yll, 2007). Tal y como dice la Dra. Trinidad Escoriza Mateu (2002), este hecho ha desembocado en la tendencia a relacionar al colectivo femenino con una diversidad de tareas y funciones específicas desde la Prehistoria, lo que conlleva una idea de incapacidad o imposibilidad de llevar a cabo otras tareas debido a su sexo. Esto es así, porque el Patriarcado ha sido el encargado de ocular y desacreditar la diferencia sexual desde todos los ámbitos y perspectivas, como por ejemplo, y como anteriormente se ha expuesto, mediante la naturalización de producciones fundamentales para la continuidad de la vida y que comúnmente ha recaído sobre las mujeres: la Producción de Sujetos Sociales y la Producción de Mantenimiento; además del empleo de prácticas político-ideológicas a través del control de los contenidos de las representaciones y las formas de las mismas.

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