“Sobre el concepto de historia” de Walter Benjamin en el Ateneu Barcelonès

Las tesis Sobre el concepto de historia (1940) de Walter Benjamin es, sin lugar a dudas, uno de los textos más influyentes del siglo XX tanto por su contenido filosófico como por su contenido político y prueba de ello es que existen multitud de editoriales y espacios de pensamiento que siguen trabajando el texto 80 años después.

Arnau Pons, a la izquierda; Mar Rosàs, al centro y Pedro Santos e Silva, a la derecha. Foto: Ateneu Barcelonès (2020).
Arnau Pons, a la izquierda; Mar Rosàs, al centro y Pedro Santos e Silva, a la derecha. Foto: Ateneu Barcelonès (2020).

El auge de los discursos totalitarios y la actitud en la que muchos actores políticos se instalan para defender el sistema de sus abusos nos obliga a repensar ciertas categorías políticas y filosóficas que habían quedado al margen del debate actual. Para ello, es especialmente relevante la obra de Walter Benjamin y en concreto, las tesis Sobre el concepto de historia, un texto que a pesar de sus casi 80 años lleno ayer el salón de actos OriolBohigas del Ateneu Barcelonès a propósito de la nueva edición trilingüe que la editorial Flâneur ha incluido en su catálogo (ver aquí). Durante la conversación moderada por Pedro Santos e Silva, Mar Rosàs (coordinadora de investigación de la cátedra Ethos-URL) y Arnau Pons (traductor del texto en francés de la edición presentada) nos remitieron a algunas claves del texto, por ejemplo: su carácter mesiánico, su crítica al progreso y su espíritu revolucionario.

El texto de apenas 20 páginas es relevante hoy en día porque en él se dibuja un nuevo relato sobre la emancipación basado en fuentes mesiánicas y marxistas en el que el pasado es utilizado como un método revolucionario del presente. Este método puede parecer similar al de otros pensadores marxistas, no obstante, contiene una serie de diferencias que sitúan a Walter Benjamin como un pensador inclasificable.

Si bien W. Benjamin es considerado un marxista dado que en su núcleo teórico se encuentra la lucha de clases, lo que le interesa de ella no es el desarrollo de las fuerzas productivas sino la lucha a muerte entre oprimidos y opresores, dominantes y dominados. Bajo este prisma, la lucha de clases da lugar a una historia que se manifiesta como una sucesión de victorias de los poderosos, es decir, triunfos históricos contra las clases subordinadas que van más allá de la fuerza económica y política. De esta manera, pone en entredicho la dominación en el presente y la totalidad de las victorias de ese pasado desmarcándose así de las tesis de Marx en que justificaba esas victorias por medio de las leyes de la historia, la necesidad de desarrollar fuerzas productivas o la inmadurez de las condiciones de la emancipación social.

Juzgar, de esta manera, la dominación del tiempo pasado permite entender el presente en lo que él denomina el tiempo actual, esto es, un salto dialéctico hacia el pasado con el objetivo de “salvar la herencia de los oprimidos e inspirarse en ello para interrumpir la catástrofe del presente”[1] y construir una sociedad sin oprimidos ni opresores por medio de la revolución.

Asumir esta tesis nos obliga, por un lado, a criticar la idea de progreso que caracteriza a la historia de la humanidad – y a la que se adscriben las fuerzas de la izquierda de la primera mitad del siglo XX –   porque niega la relación dialéctica pasado-presente y justifica las injusticias acometidas por los vencedores de la historia. Pero, además, nos obliga a entender el tiempo actual en términos mesiánicos.

El mesianismo, si bien no se trata de manera explícita a lo largo de la obra de Benjamin, su sombra recorre casi la totalidad de su pensamiento tardío. Especialmente, aparece representado un mesianismo que abandona la figura del mesías que ha de traer la liberación y lo sustituye por una forma de entender la historia como espacio de lucha permanente abierto al futuro y, por lo tanto, en la que existe la posibilidad de verse interrumpido y llegar así a la redención, independientemente de que exista o no la figura del mesías.

De esta manera, si bien existe un componente intrínseco de materialismo histórico, se entiende que el tiempo actual contiene gran parte del carácter mesiánico que está presente en la obra de Walter Benjamin. Dicho de otro modo, el tiempo actual contiene una fuerza mesiánica en que Dios está ausente y que se atribuye en su totalidad a las generaciones humanas. El único mesías posible es la humanidad oprimida.

Con ello, Benjamin consigue que “la violencia de la tradición profética y la radicalidad de la crítica marxista se reúnen en la exigencia de una salvación que no es mera restitución del pasado, sino también transformación activa del presente”[2], una transformación que, según las palabras de Arnau Pons, pasa por romper con el tiempo del reloj – símbolo del progreso – y activar el freno de emergencia que detenga el progreso y nos sitúe en un estado de excepción permanente lejos del dominio de la técnica y el estado.


[1]Löwy, Michael (2012) Walter Benjamin: aviso de incendio. Una lectura de las tesis “Sobre el concepto de historia”. Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires: 140

[2]Íbid, 61.

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