La Construcción Lingüística de la Realidad: La era de la Posverdad. Crónica de la conferencia de Amics de la UAB en el Ateneu Barcelonès

El pasado 13 de junio la Asociación de Amigos de la UAB organizó una conferencia en el Ateneu Barcelonès en la que David Block, profesor de la UDG e investigador de ICREA en sociolingüística, Ferrán Caballero, licenciado en filosofía y autor del libro “Maquiavelo para el s. XXI”, y Meritxell Ramírez, investigadora asociada de la UAB en sociología, se aproximaban al concepto de la posverdad desde sus respectivas disciplinas. Las diferentes intervenciones pusieron de manifiesto como, en realidad, el termino posverdad responde a unas lógicas sociales en las que la verdad permanece en un segundo plano. Ahora a bien, centrarnos en un análisis exclusivo del concepto de la posverdad sería injusto pues lo que los tres conferenciantes pusieron sobre la mesa es que este fenómeno responde a una construcción, es consecuencia de una acción.

La primera intervención de Meritxell Ramírez se centró, muy acertadamente, en la pregunta “¿cómo la gente cree que una cosa es real?”. Para ello, hace uso de la tesis sobre el lenguaje planteadas por John Langhsaw Austin en el libro titulado “Cómo hacer cosas con palabras”. El autor sostiene firmemente que el lenguaje no tiene únicamente una función descriptiva, enunciativa de la realidad, sino que es capaz de crear cosas a través de lo que bautiza como Actos de Palabra. Se distinguen dos: los directos, que sirven para crear instituciones sociales o formas de actuar (i.e. una Declaración de Guerra), y los indirectos, que necesitan siempre de un contexto social para tener sentido (i.e. la pregunta “¿Me pasas la sal?” invoca a una acción del receptor del mensaje pero sólo tiene sentido en el caso que haya sal cerca, mientras se cocina o se come, pero no tendría demasiado sentido hacer esta pregunta en una clase de universidad o en una conferencia en el propio Ateneu Barcelonés). Así, según Meritxell Ramírez, cuando utilizamos el termino posverdad hacemos uso de un acto de palabra indirecto, aunque, en lugar de construir realidad, tiene como objetivo deslegitimar un argumento, es decir, deconstruirlo.

De esta manera y como sostiene Ferrán Caballero, el termino posverdad no hace referencia a una característica de la verdad sino a una actitud delante de ella. Asume, en un primer momento, que hemos rebosado la verdad y nos hemos instalado en un marco más allá de ella. La pregunta que surge inmediatamente de esta afirmación es si en algún momento hemos sido poseedores de esa verdad o si, por el contrario, es la imposibilidad de llegar a ella la que nos ha hecho renunciar a la misma. Esto no es en ningún caso algo nuevo pues ya en la antigua Grecia surgió el mismo debate entre los sofistas y aquellos que defendían las corrientes platónicas. Mientras los primeros se situaban en el terreno de la opinión (doxa) y usaban la palabra para lograr fines políticos y personales, los primeros filósofos y, en particular, aquellos inscritos en las corrientes platónicas de pensamiento, sostenían que el conocimiento (logos) se podía conocer, y, en caso de imposibilidad, valía la pena tratar de alcanzarlo. De hecho, este debate es muy interesante pues la doctrina platónica, la teoría de las ideas, es tan extrema que el propio filosofo imaginó un mundo en el que el rey filósofo, poseedor de la verdad, gobernaría la ciudad por encima de la voluntad de las personas. Se trata, así, de una doctrina tremendamente elitista y antidemocrática. En definitiva, se está discutiendo nuestra libertad y, por lo tanto, lo que tenemos que hacer es una valoración de los efectos de la existencia de una verdad ya que esta visión elitista y antidemocrática de la organización social se transformó en el tiempo.

Foto realizada por la Associació d’Amics de la UAB

Nietzsche sostiene que el cristianismo es, en definitiva, el platonismo del pueblo. La diferencia entre uno y otro es que mientras en la teoría de las ideas ninguna verdad es dada, sino que tiene que ser alcanzada, en el cristianismo, a través de textos sagrados y rituales, se revela la verdad, una verdad que se ha de aceptar por propia voluntad. Con lo cual, a través de las herramientas y los axiomas de la posmodernidad, el debate entre sofistas y platónicos resurge y, en consecuencia, perdemos la confianza en el poder de la verdad ya que, en cada discurso, en cada mensaje, se oculta la voluntad y capacidad de manipular, de ejercer poder. Y, aunque Ramírez sostenga que la emergencia del concepto “postmodernidad” insinúa que estamos en un momento en que la gente quiere pensar, quiere actuar conforme su verdad, lo que sería una auténtica revolución, lo que en realidad ocurre según David Block es que estamos creando son burbujas de conocimiento pues no estamos sustituyendo la autoridad de la verdad, sino que la gran mayoría nos estamos escondiendo de ella.

Estado, Religión y Academia han entrado en crisis y ante ello hemos desarrollado tres actitudes: la primera es la de cerrarse en uno mismo que estaría cerca de las actitudes desarrolladas por Freud delante del sufrimiento del mundo exterior (Freud, 2017: 75). La segunda es desarrollar una actitud crítica, que nos alejaría del uso deslegitimador del termino posverdad para construir, efectivamente, una nueva institución de la verdad. Finalmente, la tercera es la de desarrollar una actitud cínica delante del mundo, lo que implica no creerse nada. Des de mi punto de vista, esta actitud es justamente la que nos lleva a abusar en exceso del termino posverdad que, si bien tiene una actitud deslegitimadora, no tiene una actitud crítica delante de la sospecha.

Con todo ello, el principal reto de nuestras democracias es el de asumir que existe la posibilidad de generar disenso sin renunciar a la verdad y este pasa, si y sólo si, por alejamos de una actitud cínica tan desoladora que amenaza con desarticularnos políticamente. Sin verdad no hay justicia, y sin justicia no existe convivencia sin manipulación, por lo tanto, si no queremos caer en trampas retóricas y en la posibilidad de que el uso del concepto posverdad acabe por vaciar todo nuestro lenguaje, conviene alejarnos del abusivo uso del concepto y asumir, crítica y responsablemente, la tarea de recuperar la verdad.


REFERENCIAS

  • Freud, S (2017): “El Malestar de la Cultura”. Alianza Editorial, Madrid, España.

 

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