“La crisis global de la democracia liberal” Manuel Castells en Puerto de Ideas (Valparaíso, Chile)

En medio de la crisis democrática más grande que ha atravesado Chile desde la dictadura de Pinochet y en la que la población sigue manifestándose prácticamente a diario desde hace más de un mes, el pasado sábado 10 de noviembre, el festival Puerto de Ideasy Manuel Castells combinaron sus esfuerzos para ofrecer la conferencia La crisis global de la democracia liberalen el teatro del Parque Cultural de Valparaíso. Durante la conferencia se puso de relieve la falta de consenso con respecto a la gestión de la crisis multidimensional que afecta a la sociedad occidental y que tiene, como principal efecto, la disociación entre el Estado y la Nación; dicho de otra manera; “los pueblos entrando en conflicto con sus Estados”. En este acto, el profesor emérito de sociología y urbanismo de la Universidad de California en Berkeley expuso de manera simple, pero contundente, las razones que nos han llevado a esta situación y advierte que no es algo que pueda aplicarse exclusivamente al caso de Chile, sino que afecta a prácticamente la totalidad de países occidentales. Advierte, además, que este escenario no es bajo ningún caso un escenario pasajero.

Manuel Castells durante la conferencia “La crisis global de la democracia liberal” organizada por Puerto de Ideas. Valparaíso, Chile (2019)
Manuel Castells durante la conferencia “La crisis global de la democracia liberal” organizada por Puerto de Ideas. Valparaíso, Chile (2019)

La crisis de gestionar la crisis

No es ninguna noticia que a día de hoy vivimos en una profunda crisis multidimensional. La crisis ecológica, la crisis de los mercados financieros, la crisis de la desigualdad, la crisis Estado del Bienestar o las crisis territoriales son algunos de los conflictos que marcan las agendas de los medios de comunicación en todo el mundo. Esta concatenación de crisis son problemáticas en sí, pero lo realmente preocupante, según el profesor Castells, es que han puesto de relieve que existe una gran irresponsabilidad por parte de la clase política que no es capaz de encontrar consensos suficientemente amplios para paliar los efectos que la crisis genera en el conjunto de la sociedad, que, en la mayoría de casos, la entrega a otras instituciones como el poder judicial o el mercado (por vía de la privatización de servicios públicos). Como consecuencia la población no se encuentra representada por la clase política que, a su vez, opera como una casta bajo la lógica del “¡aquí no entra nadie más!”. Este escenario estimula una creciente separación entre el Estado y la Nación e instala en el imaginario de los ciudadanos la idea de que, mientras el neoliberalismo sociológico se expande, se sitúa en la política la lógica de la recompensa material.

Por un lado, la globalización y la creciente tensión dentro de las estancias supranacionales; la irrupción del marketing político y la proliferación de discursos emocionales basados en la confianza al lídery la destrucción del enemigo; el estallido de las redes sociales y el uso de éstas por lideres políticos como Donald Trump o Jair Bolsonaro; la economía criminal que, por definición, no puede funcionar sino a través de la extorsión y la corrupción del Estado; y la corrupción política, que si bien ha existido siempre, es a día de hoy parte del sistema en muchos países del mundo son algunas de las razones que impiden la falta de consenso ante las crisis. Por el otro lado, los “esfuerzos” cosméticos de la clase política por mitigar las fallas del sistema democrático liberal – i.e. reformas en las leyes electorales, la aplicación de la limitación de mandatos, las limitaciones de donaciones a partidos políticos o las unidades anticorrupción – evidencian, todavía más, que no existe voluntad por parte de la clase política para perder sus privilegios. Este escenario agudiza la desconfianza existente entre las sociedades y la clase política que les representa – en España, los políticos y la política en general ocupan el segundo problema nacional[1]– lo que es especialmente significativo si cualquier institución de negociación de la sociedad “sólo existe en la mente de los ciudadanos.”

Se podría decir, en definitiva, que la democracia liberal representativa ya no funciona porque de ¿qué otra manera podría entenderse la ola de protestas que sacuden a día de hoy a lugares tan distintos como lo son Chile, Ecuador, Cataluña, Hong-Kong o el Líbano entre muchos otros?

Experiencias positivas y una posible solución necesaria

No obstante, hay experiencias positivas y es necesario hacer una breve mención a ellas: la participación electrónica, como es el caso de Decidimen la ciudad de Barcelona, el proceso constituyente islandés o las victorias de algunas luchas ciudadanas apoyadas en un periodismo comprometido. Ahora bien, el mundo que habitamos es diverso, como así lo son sus gentes y sus culturas. Ante esto, no cabe caer en la dinámica que occidente lleva propiciando durante los últimos 80 años. No se debe imponer ningún sistema, ni siquiera el democrático, sin atender a los contextos específicos de cada lugar.

Es por ello que Manuel Castells hace un llamamiento a refundar las sociedades actuales en un proceso en el que destaquen, por encima de todo, la importancia de las ideas y de la reflexión lenta. Con estos protagonistas, junto con un movimiento social comprometido y una sociedad que sea capaz de debatir al respecto de como lograr sus objetivos, dejando espacio para el disenso, pero logrando amplios consensos, se podrá llegar a un verdadero pacto por la reforma social.


[1]Los políticos en general, los partidos políticos y la clase política en general es un problema según el 37.8% de los encuestados en el último barómetro del CIS. Link: http://www.cis.es/cis/export/sites/default/-Archivos/Indicadores/documentos_html/TresProblemas.html

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