La desigualdad es más violenta que cualquier protesta

Por Olga Batallé Gol y Enric Vila de Villasante

Hará unas semanas, durante la semana de protestas en Barcelona por la sentencia del Tribunal Supremo en el caso del Procès, una de nosotras (Olga) utilizó Instagram para preguntar en su red, vía stories, qué se consideraba violencia y quien la definía. Recibió múltiples respuestas y eso generó un interés en escribir algún artículo al respecto. Así pues, lo que hoy presentamos es el primer artículo de una serie en la qué reflexionaremos sobre qué es la violencia, qué tipos hay y quien la define a partir de esas storiesen Instagram.

Más concretamente, este artículo tratará sobre una respuesta que recibimos a las storiesen Instagram que decía que la desigualdad económica también es violencia. Nos pareció una respuesta muy interesante y que podía dar lugar a una reflexión muy útil, reflexión que desarrollaremos en las próximas líneas.

El primer elemento que debemos destacar es que dicha afirmación (la desigualdad económica es violencia) merece ser entendida desde unos prismas distintos a los hegemónicos en la actualidad para poder ser entendida y comprendida en toda su totalidad. Debemos cambiar el prisma liberal, dominante y estructurador de la gran mayoría de sistemas políticos y sociales en el occidente contemporáneo, y adentrarnos en el prisma republicano. Inciso importante antes de seguir: cuando nos referimos a republicano no lo hacemos desde la dicotomía monarquía/republica sino desde el de la teoría política (que explicaremos a continuación).

Mientras que el liberalismo intenta explicar la libertad cómo fenómeno de no-interferencia el republicanismo lo entiende como fenómeno de no-dominación. El republicanismo entiende que una persona que pueda estar sujeta a que un elemento externo (ya sea institución o un individuo) imponga su voluntad sobre ella no es libre, aunque, matiz importante, dicha imposición o interferencia no llegue a producirse nunca. Es más, el republicanismo está fundado sobre el derecho a la existencia, expresada primeramente por Robespierre en los años posteriores a la Revolución Francesa: “¿Cuál es el primer objetivo de la sociedad? Es mantener los derechos imprescriptibles del hombre. ¿Cuál es el primero de estos derechos? El derecho a la existencia. La primera ley social es pues la que garantiza a todos los miembros de la sociedad los medios de existir. Todos los demás están subordinados a este.” [1] Por tanto, la mera existencia de elementos externos que se opongan a este derecho a la existencia de los hombres y mujeres es una afrenta a la concepción republicana de la libertad. [2]

Para entender un poco más las diferencias entre las concepciones de libertad y cómo estas se relacionan con la violencia y la desigualdad encontramos muy relevante un artículo de Antoni Domènech, uno de los grandes teóricos del republicanismo en Europa, publicado en 2009 en la revista Sin Permiso dónde hace una relación histórica de los conceptos de dominación, derecho, propiedad y economía.

Domènech empieza recordando que dominación viene del latín “dominus” que significa señor o amo, que era aquel que tenía propiedad privada (exclusiva y excluyente) tanto de bienes immuebles (e.g. la tierra) como muebles (instrumentaen latín). Más precisamente, el derecho romano distinguía entre instrumentum semivocale que era principalmente el ganado, y el instrumentum vocale, definido como aquellos que tenían voz, es decir, los esclavos. Y en el contexto romano, el dominus(normalmente, el padre de la familia) tenía un poder casi absoluto y despótico sobro todo aquello de su propiedad, incluido niños y mujeres de su familia. No en vano, recuerda Domènech, familia proviene de famulus(esclavo). [3]

Cómo decíamos, el dominustenía poder despótico porqué sólo él era sui iuris, el único de la familia con personalidad jurídica y capaz de cerrar contratos y actos de índole jurídica. Mientras que la gran mayoría de la sociedad eran alieni iuris, individuos sin personalidad jurídica propia. Así pues, habiendo introducido los sujetos de derecho en el derecho republicano romano, es necesario explicar que en el marco jurídico romano se distinguían entre derechos instrumentales, derechos que podían ser alienar (comprar, vender, etc) y derechos constitutivos, derechos que no podían ser alienados de la persona, cómo, por ejemplo, el derecho a la ciudadanía. [4]

El punto interesante a partir de aquí es cómo evoluciona históricamente un concepto tan claro y arraigado como la no-alienación de la ciudadanía. Tal y como explica el propio Domènech:

“Hay que observar que esa cláusula de inalienabilidad de la ciudadanía –llamémosla así— escindía drástica y radicalmente el mundo de la libertad del mundo de la ilibertad, la ciudadanía de la esclavitud o la extranjería. Para los juristas iusrepublicanos romanos habría resultado ciertamente incomprensible el edicto imperial de Caracalla (a.d. 212) que extendió –ya desleída— la “ciudadanía romana” a todos los habitantes del Imperio: si Pablo hubiera vivido en esa época, y no en la republicana, su famosa protesta – ego civis romanus sum—, en vez de amedrentar a la soldadesca, la habría seguramente invitado al abuso físico del fundador del cristianismo: pues en el siglo III, las fronteras entre libertad y falta de ella se habían hecho borrosas, y ser ciudadano romano era tan poca cosa como ser ciudadano libre bajo la monarquía constitucional liberal orleanista francesa de 1830, en la que los obreros y los desposeídos eran “libres” para firmar contratos de venta de su fuerza de trabajo –una mercancía más—, pero habían perdido ya la libertad política de sufragio que les habían dado Robespierre y la I República revolucionaria francesa en 1793. (…) Con –digámoslo así— la complicación de la frontera normativa entre libertad e ilibertad, entre dominación total y servidumbre total, iba también una complicación en la forma de categorizar y entender las instituciones sociales básicas de la dominación: las que configuran la propiedad, el dominium.” [5]

Este final de cita de Doménech nos da pie a desarrollar más profundamente el concepto de propiedad desde una óptica republicana. Tal y como apuntan Casassas y de Wispelaere, la propiedad, aunque suene contradictorio con los expuesto hasta ahora, es uno de los pilares básicos de la libertad republicana. El control duradero sobre un conjunto de bienes materiales o recursos es uno de los pilares porque permite dotar de libertad de negociación y contratos y evitar así, dando una puerta de salida, aquellos tratos que pueden ser explotadores, alienantes o que afecten al normal desarrollo de la libertad (la no-dominación). [6]

Esa relación entre propiedad y libertad puede llevar a confusión al parecer muy similar a aquella libertad de enfoque más liberal-individualístico. Ante esto deben de hacerse notar dos elementos: primero, el republicanismo niega la existencia de unos mercados “libres” en un sentido (neo) liberal si no que propugna que las relaciones económicas deben ser entendidas cómo relaciones incrustadas en un sistema político e institucional determinado (a la Polanyi) [7] y segundo, la libertad republicana no se determina por la independencia de estas relaciones sociales e institucionales sino que está determinada por el hecho de ser igualmente libres dentro de dichas relaciones. [8].

Así pues, viendo que existe una concepción republicana de la propiedad, es también lógico que exista una visión republicana de la desigualdad. Según Thompson (2018), el fundamento teórico de las posiciones liberales sobre la desigualdad (Rawls, Galston, Sen, etc.) es que “la desigualdad reduce las capacidades de los individuos de actuar en las opciones y oportunidades que tienen para vivir su vida cómo ellos quieran. Estas aproximaciones se focalizan en la distribución como un medio para que las personas vivan en la búsqueda en una concepción abstracta de lo que es el bien”.

En contraposición a eso, el argumentario republicano implica que la desigualdad puede verse también como un fenómeno que acaba afectando la forma y fondo del marco social en el que se dan esas situaciones de reparto desigual, producto de las acciones de esos mismos individuos que se ven más favorecidos en el reparto desigual de bienes, recursos, oportunidades, etc. Es decir, no es sólo un elemento puramente distribucional, sino que esta acumulación desigual de recursos y riqueza puede acabar afectando al todo social y a los fines a los que se dedican recursos y actividades económicas [9].

Una acumulación de riqueza puede acabar dominando el “terreno de juego” en el que otros individuos han de desarrollar su libertad. En palabras de Thompson: “Uno puede imaginar fácilmente una sociedad igualitaria en términos liberales (utilidad, bienestar, bienes primarios) sin tener en cuenta hasta qué punto la sociedad a la que tienen acceso estos individuos – para qué trabajan, cómo se emplean y utilizan los recursos humanos y naturales – pueda estar completamente supeditada a fines que no son beneficiosos en un sentido social y público.” Aquí el punto clave es que una distribución desigual de recursos económicos implica una distribución desigual de poder, que, a su vez, permite modificar los marcos legales y coercitivos del estado para enfocarlos hacia unos fines y usos que busquen mantener la estructura económica y social que ha permitido este reparto desigual de la riqueza [10].

Tirando del hilo y enhebrándolo con la diferenciación entre enfoques liberales y republicanos, dichas situación no supondría un problema para el planteamiento liberal de libertad ya que no hay un elemento de interferencia por parte de los más ricos y poderosos (ese Reichalemán que tanto es riqueza cómo es poder) hacia los más desfavorecidos en esta situación de desigualdad, mientras que para el enfoque republicano esta situación es grave ya que implica una situación de dominación entre grupos que tendrían que ser iguales en sus relaciones. Y ligándolo con la discusión sobre la violencia que motiva el artículo y la propia estructura del mismo, vemos que el origen de esta desigualdad proviene de las definiciones y de qué se entiende por propiedad, que desciende a su vez de qué concepción se tiene del derecho, que proviene, de forma última, de la idea de dominación. Y la dominación, por definición, es violenta.

Cómo decíamos al principio, este sólo es el primero de varios artículos que vendrán a lo largo de las próximas semanas. En esta hemos tratado la desigualdad económica y su relación con la violencia; en las siguientes, hablaremos también de patriarcado, de fascismo, de medios de comunicación y tribunales


[1]Robespierre, M. (2019) Sobre Las Subsistencias y El Derecho a La Existencia. Recuperado en 24 de Noviembre de 2018: https://www.elviejotopo.com/topoexpress/sobre-las-subsistencias-y-el-derecho-a-la-existencia/

[2]Casassas, D. and Wispelaere, J., (2015)Republicanism and the Political Economy of Democracy. European Journal of Social Theory, Vol.19 (2): 283–300
Domènech, A. (2009) Dominación, Derecho, Propiedad y Economía Política Popular (Un Ejercicio de Historia de Los Conceptos. Revista Sin Permiso. Recuperado en 24 de Noviembre de 2019 en: http://www.sinpermiso.info/textos/dominacin-derecho-propiedad-y-economa-poltica-popular-un-ejercicio-de-historia-de-los-conceptos

[3]Domènech.

[4]Domènech.

[5]Domènech.

[6]Casassas and De Wispelaere.

[7]Thompson, M.J. (2018)The Political Dimension of Economic Division: Republicanism, Social Justice, and the Evaluation of Economic Inequality en Langman, L. y Smith, D.A (Eds.) Twenty-First Century Inequality & Capitalism: Piketty, Marx and Beyond. Boston: 201-240.

[8]Casassas and De Wispelaere.

[9]Thompson.

[10]Thompson.

Compartir:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *