La ética y la política de la no-violéncia. Conferencia de Judith Butler en el CCCB

El pasado lunes 16 de abril Judith Butler estuvo en el CCCB dando continuidad al ciclo de conferencias “¿Somos Adultos?” en el que se reflexiona sobre el significado de ser adulto en un contexto contemporáneo. Esto implica, como no podía ser de otra manera, pensar en el cómo hemos llegado al ser adulto, qué implica ser adulto y qué consecuencias tiene serlo no como individuo sino como parte de una comunidad, esto es, como agente político.

Si la primera de estas conferencias a cargo de Josep Maria Esquirol, de la que hablamos aquí, giraba en torno los conceptos forma, formación y formarse, Butler tomará ahora como eje central de su ponencia el concepto de vulnerabilidad con el objetivo de deconstruir al sujeto creado y descrito por el liberalismo político.

Su ponencia empieza con una pregunta muy clara y directa: ¿Quiénes somos? La respuesta, un poco más difusa, la va construyendo a medida que avanza la conferencia. No obstante, si algo tiene claro es que la identidad entendida como aquello con lo que nos identificamos no puede ser la única condición que nos defina como individuos y, por lo tanto, defina nuestra relaciones y vínculos políticos. Butler entiende que el liberalismo político ha creado una imagen artificial y parcial del individuo haciéndonos creer que hemos aparecido en el mundo como en una especie de “estado de naturaleza”, como si naciésemos ya individuos adultos, autosuficientes, hombres y viviendo en conflicto, lo que recuerda al individuo hobessiano: egoísta, con ansias de dominación y protección de su propiedad. Por lo tanto, el “estado de naturaleza”, principio de todo, es un mundo en el que el conflicto es inminente debido a que cada individuo busca perseguir sus propios intereses sin que le importen los efectos en el resto. Para resolver este conflicto “natural” los individuos aceptan lo que conocemos como contrato social que tiende a resolver el conflicto limitando los deseos de cada uno para permitir poder vivir en paz los unos con los otros.

Judith Butler durant la conferència " la educación, la ética y la política de la no violencia" al CCCB (fotografía: CCCB)
Judith Butler durant la conferència ” la educación, la ética y la política de la no violencia” al CCCB (fotografía: CCCB)

Hasta aquí, Butler expone, de manera más o menos generalizada, lo que sería la génesis de la sociedad entendida y defendida por el liberalismo político. Vemos, y esta va a ser su principal crítica, que en este relato se presupone lo que aquí llamaremos como momento zero, esto es, la existencia de un principio neutro donde se presupone al individuo como un hombre adulto y autosuficiente. Precisamente, obviar que nunca hemos estado niños, y por lo tanto, que hemos dependido de un tercero en la provisión de los recursos necesarios para llegar a la etapa adulta, es lo que hace tambalear todo el discurso en el que se fundamenta el liberalismo político. Butler, pero, va un paso más allá  y analiza la situación des de una perspectiva de género. En base al individuo que hemos descrito hasta ahora, definimos la masculinidad como una falta de dependencia y, por lo tanto, al hombre como a un ser autosuficiente en frente de la mujer. De esta manera, Butler sentencia que el contrato social es en realidad un contrato sexual ya que previamente a la entrada de las mujeres en él, el contrato ya estaba determinado, el individuo definido y ella excluida.

A partir de este momento, Butler empieza a desarrollar su idea de individuo a partir de tres características básicas que se entrelazan: el individuo es social, vulnerable y dependiente. De hecho, incluso si llegásemos a convertirnos en un ser autónomo, la condición fundamental de dependencia no se pierde nunca porque independientemente de nuestra circunstancia nacemos en esa condición de dependencia que es lo que nos hace iguales.

“No one stands on his own, no one feeds himself”

Realmente, construimos el mundo de nuestro alrededor de manera que nos permita actuar pues somos dependientes de los instrumentos que creamos y eso es lo que hace que nunca abandonemos la condición de dependencia a medida que crecemos, es más, nos persigue. De esta dependencia, que debido a los efectos de la globalización se ha extendido hasta tal punto que podemos llegar a depender de las acciones de un individuo a cientos de miles de kilómetros, derivamos el concepto de interdependencia, clave para entender la igualdad tal y como lo hace Judith Butler. Para ella, igualdad se convierte en un factor social que se define a partir del grado de interdependencia que existe entre individuos de una misma comunidad.

Finalmente, la vulnerabilidad también es una característica que se deriva de esta interdependencia porque somos sensibles a esos espacios y relaciones sociales que hacen de nuestra vida posible y, yo añadiría, a todo aquello que pueda actuar sobre nosotros de forma arbitraria. Por lo tanto, debido a esta vulnerabilidad que se deriva de las interrelaciones sociales, Butler argumenta que deben existir ciertas obligaciones sociales. Ciertas obligaciones, pero, que impliquen reciprocidad porque no debemos entender la vulnerabilidad como una condición que implique sujeción y explotación sino como una característica necesaria para dar sentido a esta relación que existe entre los individuos y que, en definitiva, es la estructura social sobre la cual no apoyamos para continuar existiendo.

“We are not the origins of ourselves and we cannot survive without a social structure”

Es precisamente a esta estructura social sobre la cual nos fundamos a la que Butler también da muchísimo valor en cuanto a la formación del individuo. Para ella, la vulnerabilidad que mostramos hacia nuestro exterior es la condición para la continuidad de nuestra existencia. Plantea así un problema relacional, esto es, el problema del yo y todo lo que me rodea, que se vuelve impredecible debido a la apertura global del mundo contemporáneo.

Para terminar, me gustaría acabar diciendo que en este artículo hemos recogido las principales ideas que Butler expuso haciendo referencia a lo que podría ser la construcción del individuo que, como hemos visto y contrario al liberalismo político, es un individuo que carece de autosuficiencia incluso cuando ya es adulto. Para mi este es el punto más importante porque tanto la dependencia como la vulnerabilidad implican que el individuo crece y se forma en un cierto contexto ya predeterminado y que, por lo tanto, el individuo no se puede desasociar ni de ese contexto ni de la estructura social en la que está inscrito.

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