La Generosidad de la Educación. Conferencia de Josep Maria Esquirol en el CCCB

Este lunes el CCCB dio el pistoletazo de salida a “¿Somos Adultos?”, un ciclo de conferencias en el que reflexionaran sobre el significado de ser adulto en un contexto contemporáneo, lo que implicará, como no podía ser de otra manera, pensar en el cómo hemos llegado al ser adulto, que implica ser adulto y qué consecuencias tiene serlo no como individuo sino como comunidad, como agente político.

La primera de estas conferencias, a la que Dec Mag asistió, fue a cargo de un filósofo barcelonés de renombre: Josep María Esquirol, docente de la Universidad de Barcelona, conocido principalmente por elaborar un discurso filosófico muy vinculado a la experiencia. En esta primera sesión, pues, Josep María Esquirol trazó una serie de ideas alrededor de la educación, en concreto, alrededor de la capacidad de la educación para hacernos adultos. Os lo explicamos a continuación:

Esquirol partió su exposición conjugando la finalidad de la educación como la obtención de un fruto lo suficientemente maduro para permitir que la persona, adulta, pueda participar y generar cultura, entendida esta última como todo aquello que mantiene lo bueno. Es posible que esta idea de bondad sea un tanto tópica, no obstante, el conferenciante deja al espectador que imagine qué significa esta bondad. Así, la reflexión debe dirigirse hacia qué se enseña. Para ello, Esquirol, presta especial atención a la idea de formación, la cual a partir de ahora será entendida como sinónimo de educación.

La formación, para Esquirol y también para nosotros, se define como “la condición de posibilidad enmarcado en un proceso reflexivo que tiene como objetivo dar forma al contenido, sea el que sea, de manera no dogmática. Resultan así, los conceptos de “forma”, “formación” y “formarse” claves en el discurso de educación que articula Esquirol. La forma establece condición de posibilidad a la vez que límite, contrariamente al caos y a la indeterminación donde todo es homogéneo. Sólo si hay límite hay diferencia y sólo a partir de tomar en cuenta la diferencia de formas podemos pensar en el qué.

En un contexto de formación profesional, en el que actualmente, o al menos, en la generación a la que nosotros nos adscribimos, se ha entendido la educación como la obtención de funciones técnicas, el grado de perfeccionamiento de las mismas se valora por el grado de utilidad que se obtiene en la actividad a la que estaba destinada la formación, esto es, su grado de adecuación. No obstante, quedarnos en que nuestra realidad humana nos ata a la utilidad de nuestra profesión es entender la realidad humana como una realidad técnica, siendo así nosotros, profesiones, cosa que es tremendamente problemática pues sitúa la bondad de nuestra cultura como una mera función de cálculo beneficio-coste. Por ello, al hablar de formación, es necesario abrir un espacio para reflexionar también sobre la formación personal que, a nivel conceptual no acaba  nunca ya que pues se sitúa justamente en el carácter reflexivo de la propia forma, del propio ser, entendiendo el carácter reflexivo como la capacidad de movimiento en el cual uno mismo se tuerce sobre sí mismo. Ya lo dijo Gadamer: “Educar es educar-se”.

Esta idea de formación personal, estrechamente vinculada al método Socrático de la mayéutica, apunta a que el proceso es más importante que el resultado. Lo sorprendente, según nuestro punto de vista, es que esta idea que parece ser lógica se aleja bastante de una realidad cada vez más técnica y más cínica. De esta manera, lo que se intenta es orientar la vida humana hacía el sentido y no hacía encajar en un modelo. El problema del modelo es que su asimilación es dogmática e impide el giro sobre sí mismo por la potencia de su carácter finalista. De alguna manera, si el modelo impide la reflexión sobre su propia capacidad y sobre sus consecuencias el ser humano se convierte en un ser acrítico, meramente técnico y sin capacidad creativa. Sin espacio para la reflexión en los tiempos donde la ciencia se alza como única prueba de verdad, no podemos entender el ser humano de otra manera que no sea como un hecho, sin capacidad propia, en palabras de Adorno: “una conciencia cosificada”.

La crítica del modelo tenemos que situarla en los exteriores del mundo, en las afueras, para lograr girar radicalmente la concepción epistemológica i moral del día a día aunque huya de la estabilidad. Debemos situarnos en la intemperie para no asimilar falsos paraísos artificiales. Será entonces y sólo entonces cuando la idea de reflexividad se manifestará, paradójicamente, como elemento creativo y creador. Pero, además, si logramos asimilar la formación como torsión sobre uno mismo podremos alcanzar el fruto último de la madurez: la fuente de generosidad, expresión máxima de la idea de generación.

La última parte de la conferencia estuvo dedicada a entender esta esencia de la vida humana que para Esquirol es la reflexión básica e involuntaria, y en donde pone de relieve la necesidad de sentirnos viviendo. Como vemos, para Esquirol, todo parte de la idea de sensibilidad en tanto que capacidad de recibir, de sentir, de conmover. Incluso él llega a definir al humano como el conmovido, cosa que a nosotros nos recordó a la figura del artista descrito por Nietzsche, en tanto este no quiere dejarse arrebatar las interpretaciones de la vida brillantes de sentido, y se pone en guardia contra métodos y resultados sencillos y serenos. Siguiendo con Esquirol, sólo el conmovido, aquel que se sorprende de lo que ocurre a su alrededor podrá generar, sólo quien recibe puede dar. La educación por lo tanto debe ir encaminada en prolongar esta reflexividad voluntaria para intensificar aquello que es nuestra esencia, la sensibilidad. Volviendo al artista nietzscheano, este considera la persistencia de su género de creación – la sensibilidad en Esquirol – más importante que la entrega científica de la verdad en todas sus formas, aunque haya de manifestarse tan desnuda como sea posible.

Adorno, después de la Segunda Guerra Mundial, acertó diciendo que una de las prioridades del ser humano era la de reflexionar acerca de cómo educar después de Auschwitz. Para Esquirol la respuesta es combatiendo la insensibilidad para extirpar la frialdad del hombre técnico contemporáneo.

DEBAT / La generositat de l’educació. Conferència de Josep Maria Esquirol (VO Ca) from CCCB on Vimeo.

Y con esta reflexión, Josep María Esquirol dio por finalizada la primera sesión del ciclo “¿Somos Adultos?” que seguirá, el próximo lunes, con la intervención de Judith Butler.

Compartir: