“Los Maestros de la Sospecha” en el Ateneu Barcelonès

El martes día 25 de septiembre tuvo lugar una conferencia en el Ateneu Barcelonès la que, por lo menos para esta revista, la esperábamos con bastante interés. Se trata de la conferencia “Los Maestros de la Sospecha: Marx, Nietzsche y Freud” en la que Francesc Torralba (URL), autor del libro de título homónimo que se presentó en la conferencia, Eloy Fernández (UPF) y Norbert Bilbeny (UB) pretendían acercarnos el legado de tres filósofos que sin duda marcaron un punto de inflexión en la manera de pensar el ser humano y el mundo que habita. Por ello, la conferencia verso sobre los aspectos de sus filosofías que podemos catalogar como de sospecha, entendida ésta como una manera de estar en guardia contra el poder, ya sea el del capital en el caso de Marx, el discurso pastoral en el caso de Nietzsche o el poder del patriarcado en el caso del pensamiento de Freud. Más en concreto, el pensamiento de la sospecha puede entenderse como una forma de lucha a las fuerzas que constriñen al ser humano como sujeto naturalizado, esto es, como ente “caído” y determinado a priori. Las siguientes líneas tratarán de acercar al lector en qué consiste esta idea de sospecha y cuál es el legado del pensamiento de Marx, Nietzsche y Freud que todavía podemos seguir exprimiendo para entender nuestra realidad.

De derecha a izquierda: Eloy Fernandez Porta, Norbert Bilbeny, Francesc Torralba y Jordi Jiménez durante la conferencia "Los Maestros de la Sospecha: Marx, Nietzsche y Freud" en el Ateneu Barcelonès. Foto: Ateneu Barcelonès
De derecha a izquierda: Eloy Fernandez Porta, Norbert Bilbeny, Francesc Torralba y Jordi Jiménez durante la conferencia “Los Maestros de la Sospecha: Marx, Nietzsche y Freud” en el Ateneu Barcelonès. Foto: Ateneu Barcelonès

La Sospecha en la Historia de la Filosofía Occidental

Aun siendo cierto que los protagonistas de esta pequeña crónica fueron bautizados por Paul Ricoeur como los Maestros de la Sospecha en 1965, esta actitud frente al dogma fue desarrollada mucho antes de que articularan sus respectivos sistemas filosóficos. De hecho, desde mi punto de vista, la sospecha podría considerarse la esencia misma de todo pensamiento filosófico. El pensamiento de la sospecha tiene como finalidad poner al individuo frente a sus dogmas e invita a reflexionar acerca de la validez de éstos o, dicho de otro modo, probar la validez de sus creencias y en el caso que estas no se sostengan construir nuevos conceptos que puedan ser probados de forma racional. La filosofía presocrática trata de buscar el principio de todo fuera de las enseñanzas de la mitología griega, René Descartes trata de tener certeza de su mundo mediante la duda metodológica y Darwin pone bajo sospecha el origen del ser humano frente a las posiciones de la Iglesia Católica “en considerar que el ser humano es el resultado  evolutivo de un largo itinerario y que precede de especies inferiores a él” (Torralba, 2013: 21). Todos ellos fueron en su momento revolucionarios ya que modificaron por completo la manera de entender al ser humano. Con todo, la cuestión que se abre ante nosotros es la siguiente: ¿porqué son Marx, Nietzsche y Freud los ‘maestros de la sospecha’?

Bajo mi punto de vista, ellos son los ‘maestros de la sospecha’ porque interrumpen el discurso tradicional de la filosofía que, tradicionalmente, partía de la idea de que el ser humano por sí solo, ya sea desde la reflexión o desde la contemplación, puede alcanzar la verdad desde fuera del mundo. Me detendré un segundo para desarrollar en qué consiste situarse ‘fuera del mundo’. Si nos paramos un momento a pensar cual ha sido el método que ha caracterizado la historia del pensamiento filosófico hasta el siglo XIX, este se ha caracterizado por el uso de la razón para crear conceptos a priori. La teoría de la idea de Platón, por ejemplo, sostiene que las cosas son reproducciones sensibles e imperfectas de las ideas originales que surgen del caos original y que el Demiurgo, en un acto benévolo, utilizo de molde para crear el mundo. Descartes, por otro lado, parte de la res cogito, esto es, del pensamiento reflexivo que no se apoya en ningún elemento del mundo por desconfianza o, como dice él, porque los sentidos le engañan, para crear conceptos verdaderos. Kant, por otro lado, crítica la capacidad de la razón para conocer la realidad, pero su pensamiento trata de dar luz a como el hombre categoriza lo que ve del mundo. Todos ellos confían en la capacidad del ser humano o, más en concreto, en la razón humana para entender la realidad, una realidad que se articula siempre a priori.

No será hasta el desarrollo de la teoría de la evolución de Darwin cuando el ser humano se sitúa en el mundo. Se sitúa en el mundo porque este es el resultado de la evolución de las fuerzas materiales del mundo, por extensión, la conciencia y la razón no pueden desarticularse de su contexto. Marx, que era un asiduo lector de Darwin, será de los primeros en introducir en su pensamiento esta visión del ser humano de la que se extrae que también su conciencia y su pensamiento es el resultado de las fuerzas que le constriñen. Así, Marx, Nietzsche y Freud resultan ser los ‘maestros de la sospecha’ porque entienden que “el sujeto no es constituyente de sí mismo, sino el resultado de fuerzas o inercias que lo ultrapasan” (Torralba, 2013: 13).

Los ‘Maestros de la Sospecha’: la actitud frente al poder

Si partimos de la base que el sujeto es resultado y no fundamento, el objetivo debe ser cuáles son sus determinantes. Esta es la tarea que estos tres filósofos emprenden desde sus respectivos campos. Tal y como nos dice Francesc Torralba en su intervención, lo que resultada distintivo del modo de pensar de estos tres filósofos es el de plantearse mundos hipotéticos en que lo que había sido naturalizado – el capitalismo, las enseñanzas del catolicismo y el patriarcado – podía no ser real, dando lugar a entender las dinámicas que habían instalado en nuestra concepción del mundo tales mitologías – la mitología capitalista de Adam Smith, la mitología de la salvación cristiana y la mitología del patriarcado. En definitiva, se trata de una lucha contra el poder, un poder que tiene como objetivo naturalizar el estado de las cosas para sacar el máximo provecho a costa del resto – el estado burgués, la Iglesia y el Hombre.

Lo curioso de estos tres filósofos, como sostiene Norbert Bilbeny, es que mientras la modernidad tiene una visión barroca del ser humano los ‘maestros de la sospecha’ entienden al ser humano desde su origen animal. La influencia de Darwin en su pensamiento es notoria. Nietzsche, por ejemplo, explica en “La Genealogía de la Moral” (1887) que la moral es una manera de interpretar las cosas y los comportamientos y que ésta es el resultado de aplicar una perspectiva concreta. Por ende, busca el origen de los conceptos ‘bueno’ y ‘malo’ y observa cómo la tradición cristiana modifica su sentido original convirtiendo la miseria como algo ‘bueno’. De esta manera, propuso “transvalor la moral” de neuvo para superar la moral cristiana y reivindicar al sujeto como un ente lleno de vida por naturaleza. Marx, por otro lado, plantea que el individuo es un ser sensible, lo que significa que todo lo que existe puede ser conocido por los sentidos. Desde esta perspectiva, el ser humano es un ser dotado de inteligencia razón que, por razones históricas, no está en condiciones de experimentar su propia autosuficiencia, por lo que rechaza toda concepción del ser humano como una creación de Dios. La vida del ser humano es intramundana. Las influencias de Rousseau y del proyecto ilustrado en él son también claras, pero va más allá y sostiene que el ser humano está llamado a ser independiente y que “no será amo de sí mismo hasta que no se dé a sí mismo la existencia” (Torralba, 2013: 43-44). Por ello, el mercado que se basa en relaciones de dependencia a cambio de la fuerza del trabajo no puede ser, en ningún caso, natural, sino una fase de la historia que debe de ser superada con violencia por medio de una revolución. Finalmente, Freud asume la tarea más difícil, la de determinar cómo forman los seres humanos su identidad. El padre del Psicoanálisis entiende que el ser humano es un “ser primario e instintivo, domesticado por la cultura y la religión al largo de los siglos” (Torralba, 2013: 103). Por ello, la identidad de cada uno es fruto de las tensiones pulsionales – sexuales y violentas – que nuestro inconsciente reprime en función de las normas de la sociedad en la que está insertada cada persona en su infancia. Los estereotipos sexuales, por ende, no son naturales, sino que son el fruto de la asimilación inconsciente de las normas de una sociedad patriarcal, pero que deben ser superadas a través del estudio riguroso de las relaciones que se dan entre la consciencia, el inconsciente y el mundo que se habita.

Cuando la sospecha se convierte en dogma y la oportunidad de salvar la filosofía

Después de este breve repaso a cada una de sus propuestas, vemos como todos dan lugar a una concepción del hombre desde su origen y apuestan por un retorno a este origen. Para ello, el conocimiento y el ejercicio filosófico puede luchar contra las normatividades que se le imponen y lograr la auténtica libertad. El problema surge cuando, actualmente, la sociedad dogmatiza sus enseñanzas. Por ello, el ejercicio que los ponentes proponen en su conferencia y que, curiosamente nosotros también proponemos desde nuestra revista, es la de no confiar ciegamente en lo que el ‘Maestro’ dijo, sino tratar también de aplicar esta forma de pensar sobre sus enseñanzas, pues también parten de presupuestos que no fueron sometidos a examen en su momento.

Esto es aplicable para absolutamente todo, es más, nuestra tarea como seres en sociedad es la de destruir conjuntamente el suelo que nos mantiene en pie y reconstruirlo desde nuestra perspectiva aun no sabiendo adonde llegaremos, pero con la certeza de ser jueces de nuestro propio mundo y de nuestra propia vida. En esto consiste la sospecha.


BIBLIOGRAFÍA

  • TORRALBA, Francesc (2013): “Los Maestros de la Sospecha: Marx, Nietzsche i Freud” Traducció de Carla Ros. Fragmenta Editorial; Barcelona, España.
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