Marx, los taxis y la renta básica

Desde hace unas semanas, uno de los temas más candentes en el día a día de la sociedad española es el conflicto que se está desarrollando entre los taxis y las empresas de VTC. El conflicto llena horas y horas de televisión, las redes sociales son un hervidero de opiniones muy diversas y todos los actores del arco parlamentario se han visto obligados a posicionarse al respecto.

Si nos ponemos a analizar los argumentos que aparecen el debate público son muy variados: desde el mayor bienestar que proporciona el servicio de VTC respecto al taxi gracias a la alta calidad de sus vehículos y a las botellitas de agua que reparten a los clientes pasando por argumentos que indican la necesidad de aumentar la competencia en el sector del transporte de pasajeros en vehículos de cuatro redes hasta aquellos que ponen de relieve la necesidad de defender la seguridad jurídica de los taxistas y apuntan a las prácticas fraudulentas por parte del sector de los VTC.

Pero, bajo nuestro punto de vista, el argumento/reflexión que más interés nos suscita es aquel que pone el foco en que el sector del taxi es el primero de muchos en intentar ser uberizado mediante las posibilidades que ofrece el desarrollo tecnológico vía apps y demás elementos digitales. Es decir, que se pase de la estabilidad y seguridad que ofrece un contrato que permita realizar una previsión en términos de horas, ingresos y calidad laboral a unas relaciones laborales bajo demanda y vía app que provoque un importante incremento de la inestabilidad personal y laboral con todos los costes que esto acarrea.

Hay que destacar que este proceso de uberización ya es conocido desde hace tiempo y se ha estudiado y analizado mucho, pero consideramos que hay razones históricas para creer que es el inicio de un proceso de profundo cambio en las relaciones económicas y sociales. No es solo la proliferación de apps, es algo más. Para tratar de entender de qué se trata este algo más, recurriremos a la obra de Karl Marx que, como de costumbre, ya intuyó muchas de los elementos más recientes en nuestro entorno económico.

Para el caso que nos atañe, nos interesa especialmente su Prologo a la Contribución a la Crítica de la Economía Política, escrito en 1859. En esta obra, Marx presenta sus análisis sobre los métodos de producción y las relaciones que se derivan de ellos en varios momentos de la historia de la humanidad. Citando textualmente:

“En la producción social de su vida los hombres establecen determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción que corresponden a una fase determinada de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social política y espiritual en general.”

Para entender bien este párrafo antes de continuar con nuestra exposición son necesarias un par de aclaraciones: para Marx, un modo de producción es la forma en que se organiza la actividad económica en una sociedad, es decir, la producción de bienes, servicios y su distribución. A su vez, podemos analizar dos elementos en cada modo de producción existente a lo largo de la historia: por un lado, las fuerzas productivas, que incluyen la fuerza de trabajo humano y el conocimiento disponible a un nivel tecnológico dado de los medios de producción (herramientas, equipamiento, edificios, tecnologías, materiales y tierras fértiles). Y por el otro, las relaciones de producción, que se refieren a las relaciones sociales y técnicas, las cuales incluyen la propiedad, el poder y el control de las relaciones que gobiernan los recursos productivos de la sociedad, a veces codificados como leyes, formas de cooperación y de asociación, relaciones entre las personas y los objetos de su trabajo, y las relaciones entre las clases sociales.

Llegados a este punto quizás penséis que lo qué dice Marx está muy bien (o no) pero que no veis la relación con el taxi y los VTC. Pero después del fragmento citado arriba, Marx continua:

“Al llegar a una fase determinada de desarrollo las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes o, lo que no es más que la expresión jurídica de esto, con las relaciones de propiedad dentro de las cuales se han desenvuelto hasta allí. De formas de desarrollo de las fuerzas productivas, estas relaciones se convierten en trabas suyas, y se abre así una época de revolución social. Al cambiar la base económica se transforma, más o menos rápidamente, toda la inmensa superestructura erigida sobre ella.”

Bajo mi punto de vista, este párrafo es clave para dar luz sobre el conflicto de los taxis y los VTC y las profundas consecuencias que esto tiene. En el fragmento citado, podemos entender que las apps son la fase de desarrollo de las fuerzas productivas materiales que entran en contradicción con las relaciones de producción existente (específicamente, la expresión jurídica de las mismas), dónde en nuestro caso, es todo el tejido regulatorio del taxi. Como bien dice Marx, y como hemos podido observar estos días en las calles y despachos de las instituciones, estas relaciones se convierten en una traba y se abre una época de revolución social, que en nuestra realidad aun no ha terminado. Y llegamos al punto clave, este cambio en la base económica hay toda una transformación en la superestructura que se aposenta en ella.

Para aclarar antes de continuar, según el marxismo la superestructura es el conjunto de representaciones e instituciones artísticas, culturales, religiosas, políticas y jurídicas que han sido creadas por la infraestructura con un fin predominantemente ideológico. Es decir, existen varios elementos de profundo calado social, como la Seguridad Social, la construcción de los espacios públicos, periodificación del calendario, etc. que se basan específicamente en la existencia de una estructura económica que funciona, principalmente, con unos contratos laborales que aportan seguridad, estabilidad y capacidad de previsión y dan una cierta forma a los grupos de trabajadores en nuestra economía. Por tanto, cambiar esta base económica de contratos por una forma de producción basada en el trabajo vía app puede tener unas consecuencias importantísimas.

Por ejemplo, bajo mi punto de vista, la presión que los grandes innovadores de Silicon Valley están haciendo para implementar la renta básica en las economías desarrolladas responde a una disputa de todos estos elementos de la superestructura que van a cambia por el proceso de uberización en las relaciones laborales. En mi perspectiva, este proceso de apoyo a la renta básica puede ser visto como el cambio en que el ciudadano con sus derechos sociales pasa a ser un consumidor con el dinero para adquirir esos mismos servicios que antes eran un derecho. Un estado del bienestar, construido y mantenido sobre unas ciertas condiciones económicas, es desplazado y sustituido por una iniciativa privada que no asegura los derechos que antes sí aseguraba la existencia de un estado del bienestar de matriz pública.

Por tanto, podemos concluir que el conflicto del taxi y los VTC va más allá de la comodidad y las licencias de transporte; cómo sociedad nos jugamos mucho de nuestro futuro en etapas como esta.

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