Repensar la justicia en un escenario postwestfaliano: Una aproximación a la teoría de la justicia de Nancy Fraser.

La justicia ocupa un lugar privilegiado; goza, tal y como nos definía Platón, de un honor especial en tanto que virtud suprema. La idea de justicia como principal virtud o meta-virtud continua latente en el libro de John Rawls, A Theory of Justice, donde caracteriza la justicia como fundamento y base de todo lo demás. De manera que la justicia debe reinar en la estructura básica de la sociedad, y sólo cuando las instituciones sociales sean justas podremos hablar de justicia en otros aspectos de la vida. Nancy Fraser parte de esta idea en su artículo Sobre la Justicia, Lecciones de Platón, Rawls e Ishiguro,considerando que al reflexionar sobre la justicia deberíamos centrarnos en la estructura social básica. Fraser analiza la novela de Kazuo Ishiguro, Nunca me abandones[i],para explorar este enfoque.

La novela ilustra una sociedad dividida en dos grandes bloques, las personas originales y los clones. Los clones se crean y mantienen por la necesidad de las originales, son su fuente de órganos. El alumnado de Hailsham, protagonistas de la novela de Ishiguro, son clones, cuerpos creados con la finalidad de ser usados por las personas originales. Viven, esperan las donaciones y mueren en su tercera o cuarta operación. Los clones son “excluidos de toda consideración o respeto, no se admite que pertenezcan al mismo universo moral que los originales” (Fraser, 2012, p.39). La novela nos conduce a pensar la justicia desde la vivencia de una injusticia latente. La injusticia de una estructura que institucionaliza la explotación de los clones en beneficio de las personas originales a pesar de encontrarse ambos inmersos en la misma estructura básica de sociedad.

El presente artículo pretende exponer los puntos principales de la reflexión de Nancy Fraser sobre la justicia y las injusticias intrínsecas de una estructura social como la que relata Ishiguro (que puede no parecernos tan lejana). Fraser titula su libro Scales of Justice, expresión que evoca a dos imágenes. La primera, la balanza, representa la imparcialidad, el quéde la justicia. La segunda, el mapa y el recurso métrico que usa el geógrafo, para representar la problemática del enmarque (framing), el quiénde la justicia. Resiguiendo ambas cuestiones, Fraser plantea una reflexión alrededor de la justicia, con el objetivo de esbozar las líneas principales que posibilitarían la construcción de unas instituciones sociales justas y una esfera pública transnacional en un escenario postwestfaliano. El análisis que plantea la filósofa norteamericana es un análisis tridimensional de la justicia que distingue entre tres dimensiones de injusticias: la mala distribución (maldistribution), la falta de reconocimiento (misrecognition) y la falta de representación y desenmarque (misrepresentation, misframing). 

En sus primeras obras en torno a la justicia, Fraser hacía un análisis bidimensional de la justicia parcializando el debate en dos ejes centrales: lo económico (mala distribución) y lo cultural (falta de reconocimiento). La dimensión económica expone los obstáculos de las personas que, debido a estructuras económicas excluyentes y una mala distribución de los recursos, se encuentran impedidas a participar plenamente. La dimensión cultural recoge las injusticias que sufren las personas que, por razón de pertenencia a un estatus “desigual”, son privadas de reconocimiento, participación paritaria y respeto. Según la autora, ambos ejes son autónomos e irreducibles, pero se relacionan y entretejen. Partiendo de este análisis, cualquier orden socialmente justo debe erradicar ambos tipos de ofensas (Fraser, 2000, p.124). 

El establecimiento de un nuevo orden mundial económico y la entrada en la era tecnológica nos conducen directamente a repensar el marco keynesiano-westfaliano. Según este modelo el quién de la justicia se presuponía, era el Estado territorial moderno y su ciudadanía nacional. Actualmente, pero, la soberanía del Estado westfaliano queda cuestionada delante nuevas estructuras y sujetos supranacionales. Nos encontramos expuestas a la vulnerabilidad delante de fuerzas y peligros transnacionales, como Habermas apunta “la globalización de los peligros une el mundo en su conjunto en una comunidad involuntaria de riesgo” (Habermas, 1995). El nuevo debate de la justicia versa no sólo sobre la cuestión de qué es debido como materia de justicia, sino también sobre quiéndebe contar como miembro de la comunidad (Fraser, 2008). 

La constitución actual del mundo provoca un cambio sustancial en el desarrollo de las reivindicaciones y luchas por la justicia social, la lucha por la redistribución y reconocimiento combate una producción transnacional y unas corporaciones multinacionales. Así lo demuestran las protestas de las trabajadoras de Uniqlo, Indonesia, que viajan a Japón exigiendo sus derechos laborales, o el “pañuelazo” internacional en apoyo al aborto legal en Argentina. La comprensión bidimensional queda superada, a pesar de seguir erigiéndose como correcta, y hace necesaria la introducción de la tercera dimensión que propone Fraser: la dimensión política (representación fallida y desenmarque).  Esta tercera dimensión expone las injusticias de una sociedad sesgada que priva de capacidad decisoria a determinados sujetos, negando de esta manera su condición de miembros e iguales en la opinión pública. 

El análisis tridimensional enriquece, incorporando la dimensión política, la concepción de la sustancia de la justicia; “una teoría adecuada de la justicia para nuestro tiempo debe ser tridimensional” (Fraser, 2008, p.50). La cuestión de la representación, incorporada por el análisis tridimensional, se distingue en dos niveles: la representación fallida-ordinaria (misrepresentation) y el desenmarque(misframing). La representación fallida político-ordinaria es la injusticia perpetuada dentro el marco del Estado westfaliano cuando se niega la participación plena a una parte de la población, relegándoles así una categoría de pseudociudadanía. El desenmarque, en cambio, es la injusticia que se deriva de una delimitación de las fronteras de la comunidad que excluye de factodel espacio de participación. 

Concentración de la campaña: #abortolegalya celebrada en la plaza de los dos Congresos en Buenos Aires, Argentina, el 18 de Febrero de 2018.

La paridad participativa es el significado más general de justicia, es el criterio normativo básico, y es el concepto implícito al análisis tridimensional de justicia. Cuando en una comunidad política hay sujetos que carecen de representación sus reclamaciones y luchas no son percibidas. Si el vínculo político necesario para reivindicar determinadas injusticias es la ciudadanía, muchas injusticias quedan intocables cuando se establece una pseudociudadaníao no-miembros de una determinada comunidad política. Más grave se presenta la problemática de todas aquellas personas que no forman parte de ninguna comunidad política y sufren una especie de muerte política, pierden lo que Hannah Arendt describe como derecho a tener derechos. Es una muerte política parecida a la de los clones d’Ishiguro, que tampoco son reconocidos como sujeto de derecho. Así lo expresa Emily directora de Hailsham, cuando ya de mayores Tommy y Kathy (alumnas de Hailsham) van a visitarla: “La gente hizo todo lo posible para no pensar en vosotros. Y, si os pensaban, procuraban convencerse a sí mismos de que no erais  como nosotros; que erais infrahumanos, y que por lo tanto no pasaba nada”. (Ishiguro, 2005, p.305 Trad. propia)

La tercera dimensión y la injusticia que recoge, pone énfasis en la problemática del quiénasí como en la necesidad política de establecer un procedimiento democrático que institucionalice un enmarque justo. Un enmarque justo será aquél que garantice la paridad participativa y la inclusividad. Fraser propone someter las cuestiones del enmarque al principio de todos los sujetos (all subjected principle), este principio establece que todas las personas que se encuentren sometidas a una estructura social determinada serán las que estarán legitimadas a ser sujeto de justicia dentro de esta estructura. Lo que convierte a un conjunto de personas en sujetos de justicia es “su sujeción conjunta a una estructura de gobernación, que establece las normas básicas que rigen su interacción” (Fraser, 2008, p.126). Así pues, la sociedad que nos presenta Ishiguro se manifiesta como injusta precisamente porque, encontrándose ambos grupos sometidos a la misma estructura básica de sociedad, unos (los clones) no son sujetos de derecho y son instrumentalizados  en pro a las personas originales. 

Desarrollar esa política tridimensional plantea un reto doble: por un lado, la creación de poderes públicos e instituciones públicas transnacionales; y, por otro lado, conseguir que sean responsables ante las demandas de nuevas esferas públicas transnacionales que gocen de legitimidad normativa y eficacia política. La esfera pública es el espacio destinado a la creación de opinión pública, es el ámbito donde la ciudadanía discute y hace valer sus reivindicaciones en pro de la justicia. Una teoría para las nuevas esferas públicas debe contemplar que la opinión pública que crea no va dirigida a un Estado limitado territorialmente, sino a un Estado que comparte responsabilidad con otros Estados e instituciones. De la misma manera que sus participantes ya no coinciden con los conciudadanos de un Estado, sus intereses no siempre se adecuan a los de la demosy el debate público ya no opera únicamente con el lenguaje nacional sino con múltiples dialectos. La legitimidad y eficacia de la esfera pública, recae en la inclusividad de todas las personas sujetas a la estructura y a la paridad participativa de las interlocutoras. La legitimidad de la esfera pública yace en el principio de todos los sujetos:

La opinión pública es legítima si y sólo si es consecuencia de un proceso comunicativo en el que todos los que están conjuntamente sujetos a la(s) estructura(s) de gobernación relevante(s) pueden participar como pares, independientemente de la ciudadanía política. (Fraser, 2008, p.180).

Esbozadas las principales aportaciones de Fraser al debate de la justicia, nos damos cuenta de la importancia de dejar atrás el marco westfaliano e introducir la reflexión en torno al quiénde la justicia. La propuesta de la filósofa repiensa la justicia a la luz del prisma de la globalización, planteamiento que conduce al análisis tridimensional y a la articulación de una esfera pública transnacional eficaz, inclusiva y paritaria. Ahora bien, es pertinente reflexionar hasta qué punto serán capaces las estrategias conceptuales que nos señala Fraser, de superar los obstáculos sistémicos que privan el principio vertebrador de su proyecto, el principio de todos los sujetos.

Bibliografía

Fraser, N. (2000) Heterosexismo, falta de reconocimiento y capitalismo: una respuesta a Judith Butler. New Left Review.

Fraser, N. (2008)Escalas de justicia. Herder Editorial, Barcelona.

Fraser, N.(2012) Sobre la justicia, Lecciones de Platón, Rawls e Ishiguro. New Left Review. 

Habermas, J. (1995) La idea kantiana de paz perpetua, desde la distancia històrica de doscientos años. Article publicat per la Johann Wolfanf Goethe-Universität, Frankfurt.

Ishiguro, K. (2005) No em deixis mai. Llibres Anagrama, Barcelona.


[i]Kazuo Ishiguro, Never Let Me Go, Londres, 2005 [ed. Cast.: Nunca me abadones, trad. De Jesús Zulaika, Barcelona, Anagrama, 2011. / ed. Cat.; No em deixis mai. Llibres Anagrama, Barcelona 2005].

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