Santiago Sierra en ARCO 2018: La censura de lo político en el arte

Creo que es la primera vez que una feria de Arte Contemporáneo internacionalmente reconocida como lo es ARCO arranca con un muro totalmente vacío. Concretamente, hablo del lugar donde se debía exponer la última obra de Santiago Sierra, un artista de enorme reputación que ha visto como su obra ha sido censurada. No puede parar de sorprenderme.

Santiago Sierra (2018): "Presos Políticos en la España Contemporánea", ARCO; Madrid
Santiago Sierra (2018): “Presos Políticos en la España Contemporánea”, ARCO; Madrid

Si bien es cierto, la situación de retroceso democrático y tintes neofascistas que vive España en su actualidad es de auténtico escándalo pues, por sorprendente que lo parezca, se trata del enésimo veto a la libertad de expresión que se da en los últimos días en “la grande y libre” democracia española. Es más, mientras esto ocurre, a las élites periodísticas y políticas que usan la constitución como arma contra todo lo que daña a una imagen, ya irrecuperable, de un país maduro, debemos sumar las élites culturales. En concreto, hablamos de los responsables de la Feria de Madrid, IFEMA, que ha dictado retirar la obra Presos Políticos en la España Contemporánea para no “perjudicar el conjunto de contenidos”, como ha afirmado el presidente de la institución. Pero lo que todavía me parece más sorprendente, es que se le quiera restar importancia desde la propia élite cultural, pues el acto, en definitiva, “no es tan grave” y “ayuda a rebajar la crispación en un momento de alta tensión”. Es necesario recalcar, que no toda la culpa es de IFEMA que, aunque haya pedido retirar la obra, no lo ha exigido. Ha sido la veterana galerista Helga de Alvear la que ha seguido su consejo y ha retirado la obra mientras declaraba que “es sólo una obra de arte, mañana pondremos otra cosa.”

“Otra cosa”. Estas palabras todavía me duelen. Cuando la comunidad artística se convierte en una panda de snobs que sólo buscan un reconocimiento aparentemente intelectual trabajado desde la apariencia, me doy cuenta que el propio arte ha caído en el fetiche, se ha convertido en mercancía. Pues, lo que hoy ha sucedido es que se le ha negado al arte su función. Sierra quería representar con su obra el clima de persecución política que se vive en España en la actualidad, una persecución que se extiende hasta lo cultural: obras de arte, libros y música ya han sido perseguidos. La obra es sin lugar a dudas polémica. Pero, si el arte no puede crear polémica se convierte en un fantasma, un ente que sólo trata de otorgar satisfacción y reconocimiento a quien lo disfruta, esto es, a quien puede sacar provecho económico y reconocimiento social de él. Y no es que esto sea una novedad, pues ya el impresionismo francés de finales del siglo XIX y principios del siglo XX trato de dar un reconocimiento a una burguesía que poco se sostenía; retratando las alegres comidas en jardines bucólicos se pretendía huir de la miseria y la podredumbre de las calles de París. Hoy ocurre exactamente igual.

Pero es que, además, el arte contemporáneo y en concreto la obra de Sierra se caracteriza, principalmente por la creación de espacios de pensamiento de lenguaje común, profundamente políticos, como hemos hablado en las obras de Regina José Galindo o Dora García. ¿Qué prestigio tendrá una feria de Arte Contemporáneo si huye del impacto que causan las obras que alberga? La decisión de la feria se escapa de mi entendimiento, no creo que haga otra cosa que dañarse a sí misma y evidenciar que el “arte” que quieren revindicar no pretende ser más que los escaparates que Walter Benjamin veía mientras caminaba por París, escaparates que vendían la imagen de un modo de vida sofisticado, intelectual y alejado de la miseria, una imagen que definía que quería decir vivir y ser feliz. Una imagen que le era propia a unos pocos pero que pretendía alejar lo sórdido, seno de la reivindicación política, para dejar sitio a el sueño, al ascenso, a la esperanza de pertenecer a esa élite. Una imagen que no nos mira pero que nos invita, nos seduce, a mirar.

ARCO (2018): Lugar donde se debía exponer la obra "Presos Políticos en la España Contemporánea" de Santiago SierraARCO (2018): Lugar donde se debía exponer la obra “Presos
Políticos en la España Contemporánea” de Santiago Sierra

“Paredes vacías para un presente que quieren silenciado” publica Marina Garcés en las redes sociales ante el imponente muro, ahora vacío, donde la obra debía ser expuesta. Un muro que sí, nos mira, desnudo, ante la majadería que estamos permitiendo. Una mirada que nos interroga, nos hace sentir culpables por normalizar una situación que no cabe en ninguna sociedad plenamente madura, donde el consenso por censura pretende ser el orden político. Dejarlo así sería realmente un éxito, pues las paredes habrían absorbido la capacidad de la obra de cuestionar el estado en el que se encuentran estas personas, y lo diré bien claro, perseguidas por cuestiones políticas. El propio artista así se ha manifestado: “creemos que actos de este tipo dan sentido y razón a una pieza como ésta, que precisamente denunciaba el clima de persecución que estamos sufriendo los trabajadores culturales en los últimos tiempos”.

El problema es que mañana este muro estará cubierto de “otra cosa” y los galeristas, ciegos y completamente ajenos a la realidad del arte, compraran aquellas obras que consideren óptimas de poder guardarlas herméticamente, ocultarlas, hasta que de aquí a unos años tengan algo más de valor. Una mercancía fetiche en una sociedad fantasmal.

Si al arte se le niega su función ¿qué sentido tiene todo?

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