Sobre el neorracionalismo

Peter Wolfendale (Traducción de Toni Navarro)

La palabra “neorracionalismo” no es una que haya acuñado yo, pero se ha usado de manera constante para describir el trabajo de Ray Brassier, Reza Negarestani y el mío propio, junto con numerosos compañeros de viaje. No es algo que hayamos definido como tal, precisamente porque no es un apodo elegido conscientemente. Sin embargo, hoy recuerdo el compromiso implícito que podría tomarse para distinguir el neorracionalismo de sus oponentes, si se puede decir que es algo así como un programa filosófico consistente. Es este:

Rechazar toda intuición racional en nombre de la razón, insistir en que no solo no hay una facultad intuitiva de conocimiento racional, sino que no hay ninguna aprehensión intuitiva de la estructura, posibilidades y límites propios de la razón. La razón no es lo que piensas que es. La razón no es la racionalización. La razón no es razonable. 

Lo que nos distingue a los neorracionalistas no es solo este compromiso, sino nuestra respuesta práctica. Nuestra principal desviación respecto al racionalismo clásico de Descartes, Leibniz y Spinoza es la fidelidad al giro computacional iniciado a principios del siglo XX, cuyas consecuencias aún estamos trabajando; consecuencias que golpean nuestra concepción intuitiva de lo que es pensar, rompen nuestros modos de racionalizar lo que somos y destruyen nuestras ilusiones con respecto a lo que es razonable creer.

Razonar es algo que se hace, y algo que puede ser hecho por procesos distintos a nosotros; procesos que pueden ser y han sido estudiados usando la razón, con la precisión implacable de la demostración matemática. La paradoja de Russell y los teoremas de Gödel están al comienzo de un proceso en marcha a través del cual demostramos los propios límites de la razón y, entonces, siguiendo a Turing, usamos estos límites para impulsarla más allá de nuestros cráneos de homínido y llevarla a nuevas y extrañas formas. Aún no hemos creado agentes racionales artificiales, solo fragmentos de los mismos, pero la arrogancia humanista (que se niega a ver estos procesos como fragmentos de algo parecido a nosotros) parece cada vez más desesperada, cada vez más dispuesta a ignorar los avances en lógica matemática, el progreso de la inteligencia artificial y el desarrollo de la neurociencia computacional.

Si crees que no puedes ser estudiado como un sistema de procesamiento de información, y que esto te permite conservar tus concepciones intuitivas no solo sobre la condición humana sino sobre lo que hay de bueno en ella, me temo que se aproxima una ola que derribará esos muros y ahogará tus ambiciones parroquiales. La promesa hecha por el neorracionalismo no es que esta ola sea la ciencia empírica viniendo a mostrar los horrores de tu substrato neuronal, sino la ciencia matemática viniendo a mostrar las maravillas de tu alma computacional. Somos procesos inacabables interactuando con nuestro entorno y entre nosotros, explorando juntos los reinos matemáticos y empíricos, jugando juegos de prueba y refutación, y construyendo sistemas y modelos que empiezan a superarnos. Somos bellos. Somos libres. La autoconciencia computacional solo mejorará esto, incluso si cambia nuestra comprensión de lo que significa.

Publicado originalmente en:
https://deontologistics.wordpress.com/2018/02/11/on-neorationalism/

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