“Steal This Book”, Dora García (2009)

Dora Garcia (2009) : "Steal This Book"
Dora Garcia (2009) : “Steal This Book”

Cuando uno se enfrenta a una situación aparentemente contradictoria nos definimos, nos vemos obligados a tomar partido, a actuar, y esta decisión en el fondo estará definiendo quienes somos y cómo actuamos dentro de un sistema. “Steal This Book” (2009), de Dora García, es una de esas obras que sitúa al espectador en el centro de la obra y, además, lo hace en un espacio atípico para esta situación: el museo, un lugar dónde tradicionalmente es el autor quien adquiere todo protagonismo. La obra se compone de 5.000 libros en una mesa en cuya portada aparece el imperativo: “Steal This Book” (Roba este libro).

I. ¿Robaría una de las copias de este libro?

Independientemente de vuestra respuesta esta es la cuestión que brota inevitablemente de la obra y nos sitúa a nosotros, los espectadores, en el centro de la misma, obligándonos a tomar partido: o bien pasamos y obedecemos las normas que se nos han dado, el no robarás de la moral judeocristiana o bien, obedecemos a la portada y nos llevamos uno. Pero lo más interesante de la obra no es tanto la acción que nosotros tomamos si no el hecho que nos obliga a tomar una decisión y sobrepasar la mirada distraída de la que hablaba Walter Benjamin.

Vayamos paso a paso, en un primer momento, la relación obra-espectador no es la que, al menos tradicionalmente, conocemos. Típicamente el autor se ha visto como un genio, creador de mundos y lenguajes que se escapan de toda lógica formal pero que son capaces de exaltar emociones de una manera muy intensa. A partir de mayo del 68 y más concretamente, a partir de lo que Arthur Danto llama “el fin del arte” en 1986, el arte contemporáneo revierte esta relación y pasa a interactuar con el espectador de otra manera mucho más directa. La performance, por poner un ejemplo, necesita del público que la mire o, por poner otro ejemplo la obra que nos ocupa el texto no tendría sentido sin el espectador ya que nadie podría robar los libros, no existiría tal posibilidad. Sin el espectador no hay obra y si no hay obra ¿qué sentido tiene el arte?

Por lo tanto, en este caso y en muchos otros del arte contemporáneo el autor no ocupará un primer plano y, en mi opinión, se dispondrá a crear un espacio donde todo este en cuestión. Así, podemos decir que existe la necesidad de contar con el espectador para completar la obra y, por extensión, es realmente el espectador (el encargado de crear) nuevas narrativas, nuevas formas de pensar el mundo.

“El nacimiento del lector (espectador) se paga con la muerte del autor”
(R. Barthes, 1968)

II. Pero, ¿debo obedecer al autor y coger uno de los libros o debo obedecer al museo, al cubo blanco, y no atentar contra la obra de arte?

Foucault escribió: “el sujeto se encuentra dividido en su interior, o bien dividido de los otros”. Esta obra nos sitúa en esta disyuntiva pues, en primer lugar, nos vemos obligados a dudar o bien, de la legitimidad del autor o bien, de la legitimidad del museo, esto es, la lucha en nuestro interior.  En segundo lugar, aparece la posibilidad de ser excluido del grupo que en ese momento participa en la obra si tomamos la decisión contraria al resto de espectadores, esto es, la lucha en el exterior. De esta manera tan descarada, Dora García nos habla de “el modo en que el conocimiento circula y funciona, su relación con el poder” (Foucault, 1988).

Dora Garcia (2009) : "Steal This Book"
Dora Garcia (2009) : “Steal This Book”

Es obvio que cuando tomamos decisiones formando parte de un grupo, los espectadores de la obra en este caso, la posición de éste influye en nuestras decisiones: si observamos que se trata de un grupo que abiertamente desobedece el museo y roba el libro podemos vernos obligados a actuar de la misma forma por tal de no ser excluidos. Esto es a lo que Foucault se refería cuando decía que el sujeto se encuentra divido no solo en su interior sino también de los otros. Por lo tanto, en base al conocimiento en relación con el poder que tengamos, nuestro yo será distinto. Las posibilidades son múltiples y no se trata aquí de exponerlas todas, a lo que verdaderamente tenemos que parar atención es a el hecho que el poder no es algo que se adquiera, sino algo que se ejerce; lo que Dora García pone encima de la mesa no es únicamente una lucha de poder entre el museo y la obra, sino darnos a entender que el poder se ejerce constantemente. Nosotros también lo ejercemos en todo momento y en toda situación. La cuestión que plantea la autora no podía ser más compleja, pero lo que es más importante, Dora García nos obliga a desobedecer, o dicho de otro modo, nos obliga a ejercer poder de forma consciente.

III. ¿Qué es lo correcto?

Me parece que no me encuentro en situación de dar una respuesta y, es más, me temo que no existe realmente una respuesta correcta. Pero tampoco el objetivo de la obra es responderla, de hecho, el objetivo de la obra es todo lo contrario: crear desacuerdo. Me gustaría introducir aquí el ensayo de Jacques Rancière titulado “El viraje ético de la estética y la política”. En él, el autor plantea una respuesta dialéctica a la discusión que Walter Benjamin y Theodor W. Adorno mantienen en torno al arte. Sin entrar en el fondo de sus ideas – que daría sin duda para varios artículos – lo que plantea Rancière es que, si el arte se mantiene en su autonomía como sostenía T. Adorno, esto es, lejos del mundo, acabará por ser totalmente marginal, mientras que, si esperamos que llegue a la masa mediante el uso de tecnologías y mecanismos de reproducción a gran escala, como sostenía W. Benjamin, acabará por anular nuestra capacidad de pensar incumpliendo su objetivo de democratizar el arte, pues éste pensará por nosotros. El arte, según Rancière, debe justamente alejarse de estas posiciones pues anulan la capacidad de pensar sobre el mundo. Es decir, en un mundo donde es el consenso el que articula nuestros sistemas políticos sin dejar espacio para el disenso, esto es, para la contraposición y discusión de ideas, el arte debe ser el encargado de crear espacios de disenso, de contraposición, donde nosotros podamos despertar, discutir y reflexionar sobre como el poder articula nuestras vidas. En definitiva, Rancière logra exponer la capacidad de resistencia del arte interrumpiendo las coordenadas normales de la experiencia sensorial, de esta forma, un tanto utópica, cualquier propuesta artística es promesa de comunidad.

Esta es la única respuesta correcta que esta obra puede ofrecer.

IV. ¿Qué debo hacer?


REFERENCIAS

  • Foucault, M., “Sujeto y Poder”. Revista Mexicana de Sociología, Vol. 50, No. 3, pp. 3-20; México, 1988.
  • Barthes, R., “La muerte del Autor. El susurro del Lenguaje”. Paidós; Barcelona, 1987.
  • Rancière, J., “El viarje ético de la estética y la política”. Palinodia; Santiago de Chile, 2005.
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