Técnica y dominación en la Modernidad

La modernidad asume que el mundo se ha convertido en un lugar hostil y mentiroso y emprende la tarea de darle certeza, esto es, de encontrar aquellos elementos que proporcionen seguridad al yo. De esta manera, en la modernidad se resuelve el problema de la certidumbre por medio de la racionalidad y se emplea la técnica para construir ingenios que funcionen de acuerdo con sus propias leyes. Con estos ingenios se puede crear un mundo en el cual no haya posibilidad de duda ya que todo funciona de acuerdo a una lógica que reproduce un movimiento o una manera de pensar circula en un conjunto de opciones previamente determinadas. El problema surge, de acuerdo con Martin Heidegger, cuando pensamos la técnica en relación con el tiempo. En este escenario no podemos hablar de una temporalidad en la que el presente domina al futuro por medio de la voluntad ya que la esencia de la técnica es fáctica. Su modo de ser obliga a pensar el futuro ya no como algo abierto, “sino como algo que nos determina, que nos domina desde lo que ya es” e instala al ser humano a una vida desprovista de todo carácter existencial, incapaz de generar tensión entre lo que ya es y lo que no es aún (Martín-Barbero, 2003) convirtiéndonos en meros autómatas.

Pero para entender esta inclinación del ser humano hacía la técnica, entendida ésta como la creación y el empleo de procedimientos que tienen como objetivo lograr un resultado determinado, tenemos que remontarnos a la antesala del pensamiento cartesiano (1596 – 1650). El contexto en el que nace y vive René Descartes está marcado por un escenario de “Guerra entre los 30 años” entre aquellos que apoyan a la Reforma y aquellos que brindan su apoyo a la Contrarreforma. La raíz de este conflicto es indudablemente política dado que lo que se cuestiona en la Reforma no es al estatuto cristiano, sino a la institución del papado que junto a la aristocracia conjugan un enorme poder. Iniciada por Martin Luther (1483 – 1546), este movimiento plantea llevar un ejercicio de empoderamiento civil frente al poder institucional eclesiástico del momento enseñando a leer al pueblo para que sea cada individuo, de forma privada, quien interprete la Sagrada Escritura librándose del adoctrinamiento moral de la institución eclesiástica. El individuo adquiere así una relación directa y privada con Dios, el principio de todo. Por el contrario, la contrarreforma es la respuesta de la iglesia católica frente a la reforma protestante como su propio nombre indica. Esta se gesta en un concilio desarrollado en periodos discontinuos durante veinticinco sesiones entre los años 1545 y 1563 conocido como Concilio de Trento que fijó con nitidez la frontera entre la ortodoxia y las nuevas herejías. Bajo este escenario, Europa entra en Guerra y el mundo se convierte en un escenario de inseguridad política y religiosa, un mundo hostil y mentiroso, tal y como describe Hobbes.

En este contexto, René Descartes emprenderá la tarea de pensar filosóficamente la ciencia. Además de filósofo, Descartes era un importante matemático por lo que trasladar el objetivo de la ciencia – el de reducir los fenómenos de la naturaleza a una ley general – a la filosofía no debe sorprendernos en tanto que su objetivo era justamente el de obtener un conocimiento claro y distinto de las cosas para librarse de toda duda. Así, en el cogito ergo sum lo único que verdaderamente importa es el lugar dónde se sitúa el yo. Es decir, aunque la ciencia me demuestra que mis sentidos me engañan yo estoy cierto de mí mismo, por lo tanto, yo percibo el mundo según lo que pienso, según mis creencias. Pero, si el mundo es una representación de nuestro imaginario, ¿cómo podemos saber si estoy dormido o estoy despierto? El ser humano habita el mundo fuera de él y éste se convierte en una representación. El ser humano es así un crédulo, un ser fácil de engañar, plenamente manipulable, por lo que hay que encontrar un principio de garantía que le permita vivir fuera de los trucos engañosos del mundo tanto que asegure que lo que percibo del mundo es cierto. La única garantía que encuentra Descartes es la idea que en mí hay un Dios bueno. Dios pasa de ser un elemento creador a un garante, a un instrumento que se inserta en la ley universal racional cartesiana basado en la individualidad subjetiva para garantizar que su lugar es el mundo que habita además de orientarlo en él (Pérez-Borbujo, 2017). Pero en realidad Dios es la justificación para seguir construyendo conocimiento a partir de la razón subjetiva a partir del yo cartesiano resaltando el carácter de dominio sobre la naturaleza que la técnica también emplea en su proceder práctico. Dios es así un ingenio, un elemento técnico.

Renné Magritte (1936): "La clairvoyance
Renné Magritte (1936): “La clairvoyance

A pesar de ello, puede pensarse que existía, previamente a la modernidad, una enorme influencia de la técnica en la vida humana como, por ejemplo, sostiene Engels – el arado o el tenedor son, para él, descubrimientos técnicos que cambian radicalmente la manera vivir del ser humano. ¿Por qué es a partir de la modernidad cuando pensamos en el tiempo de la técnica? Ortega y Gasset (1883 – 1955) distingue tres periodos de relación con la técnica: una primera donde el ser humano ignora su capacidad de transformación y dispone, casi por azar, de un número reducido de actos técnicos que poco se distinguen de los medios naturales. El segundo periodo es el del artesano y en el que la técnica se pone al servicio de los instrumentos y dónde la dedicación y la experiencia son claves para la transmisión gremial. Esta es una época tradicional, y la innovación se constituye a partir de lo adquirido. Finalmente, la última etapa es el tiempo de la técnica de los técnicos en el que la máquina adquiere todo el protagonismo – como objeto autónomo – y se evidencia la capacidad ilimitada del progreso técnico por su proceder metódico (Esquirol, 2011) modificando los fines teóricos i pragmáticos de la razón científica que, aún estar guiada por su fin teórico – el de descubrir la verdad – viene condicionada radicalmente por el fin pragmático de dominio de la realidad. Esta última época es la que se inicia con la modernidad.

Lo que ocurre es que mientras que muchos filósofos – Adorno, Hockenheim, entre otros – piensan en la técnica como elemento de dominación política, muy pocos tratan de entender en qué consiste realmente, cuáles son sus elementos definitorios y cómo opera en tanto que estructura sobre el ser humano. Así lo hace Martín Heidegger (1889 – 1976) que define la técnica como “una fuerza no controlable y manipulable enteramente por el ser humano que se manifiesta como un emplazamiento de la naturaleza y del ser humano, a partir de un misterioso imperativo tecnológico” manifestando que nuestra relación con la técnica no es libre, pero advierte que es más preocupante todavía que consideremos esta relación como algo neutral. Para explicar esta problemática, Heidegger recure a reconstruir la concepción de la causalidad que se articula en el proceder técnico. La causalidad no debe entenderse como un simple ocasionar – A provoca B – sino como un traer-adelante algo que solo existía de manera potencial. Se trata de una producción de lo artificial, lo que no surge por naturaleza, lo que obliga a entender la técnica como un procedimiento que des-oculta lo que no se produce por sí mismo y no está presente (Linares, 2003). Una creación ontológica. La técnica es así el medio por el cual puede descoultarse la realidad, aunque a diferencia de la técnica artesanal, que innova a partir de la experiencia, esta puede entenderse como provocación, pues, exige a la naturaleza liberar y subministrar su estructura interna – igual que hace la ciencia moderna – para luego ser racionalizada y, posteriormente, almacenada y explotada. Estas son las coordenadas de nuestra realidad mundana, una realidad confinada en base a nuestra percepción de la misma, dominada en base a nuestra racionalidad que se tiene como objetiva, aunque dista mucho de ser así. Por ello, igual que el Dios cartesiano, la técnica es un presupuesto ontológico que se interpone entre el ser humano y la realidad, un elemento que orienta al ser humano por imperativo, pensando que le pertenece, que la puede dominar. La relación parece ser inversa; la tecnología restringe la existencia vital del ser humano en el mundo a la producción provocadora, no solo en el espacio materia, sino también en el espiritual y cultural. Vivimos, por lo tanto, en una realidad artificial dada como verdadera. La experiencia humana se restringe a la voluntad de la técnica, a la máxima de acumular y explotar.

A modo de conclusión, podríamos afirmar que el pensar técnico, con su raíz en el pensamiento cartesiano, contamina toda experiencia vital a un proceder técnico de carácter subjetivo. La pregunta que indudablemente surge es la de si es una condición de la cual no podemos escapar. Parece que, por un lado, la nostalgia de la innovación artesanal y el ánimo de vuelta a un estado previo al moderno sólo serán posibles hasta que el pensamiento filosófico aguante el impulso del proceder técnico, ahora bien, en el pensar filosófico e artístico quizás se habrá una puerta para escapar del imperativo tecnológico orientando de nuevo al individuo frente al ser, frente a la verdad, frente a lo natural, frente a lo que le pertenece, frente a lo que no le domina.

BIBLIOGRAFIA

  • Esquirol, Josep María (2011): “Los filósofos contemporáneos y la técnica: de Ortega a Sloterdijk”. Editorial Gedisa; Barcelona, España.
  • Linres, Jorge (2003): “La concepción heideggeriana de la técnica: Destino y peligro para el ser del hombre” Signos filosóficos (Universidad Autónoma Metropolitana de México); Distrito Federal, México.
  • Martín-Barbero, Jesús (2003): “Razón técnica y razón política: espacios/tiempos no pensados”. Lección inaugural en la apertura del segundo trimestre en la facultad de ciencias humanas de la Universidad Nacional de Bogotá, Colombia.
  • Pérez-Borbujo, Fernando (2017): “Schelling en la Filosofía Contemporánea”. Conferencia de la Facultad de Filosofía y Letra de la Benemérita Universidad Autónoma de la Puebla en el V Encuentro de la Sociedad Schelling de Norteamérica. Zaragoza, México.
  • Queraltó, Ramon (2007): “Razon científica y razón técnica en el fin de la Modernidad”. Servicio de publicaciones de la Universidad de Navarra, España.
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