Veganismo, mascotas y el compromiso ético

 Actualmente, entre mis compañeros de piso, se encuentra una pareja vegana que tienen un perro como mascota. Esto no tiene nada de extraordinario, pero a mí, hace unas semanas, me surgió la pregunta de si el hecho de tener una mascota (i.e. un animal que depende de ti para sobrevivir sin él tener poder de decisión sobre si quiere vivir con un humano o no) no entraba en contradicción con el fuerte compromiso ético que los veganos adquieren con los animales no-humanos. Me pareció una pregunta interesante que daba pie a multitud de debates, así que hoy vamos a dedicar este artículo a intentar poner un poco de luz al asunto e intentar, si se puede, responder a la pregunta. 

Primero de todo, debemos considerar si los animales son equiparables a los humanos en términos de derechos y consideraciones morales. Bajo mi punto, y siguiendo a Peter Singer y su clásico libro Animal liberation: a new ethics for our treatment of animals (Singer, 1975), considero que los animales tienen derechos, distintos de los de los humanos, ya que pueden experimentar sufrimiento. Como punto a parte, Singer parte de esta premisa para argumentar que la solución más práctica para respetar estos derechos es practicar una dieta vegetariana o vegana para así evitar el sufrimiento innecesario de los millones de animales que proveen de alimento a los humanos día a día. Yo no comparto esta visión ya que considero que este camino pone al mismo nivel los derechos de los animales y humanos cuando considero que no es el caso. Los animales tienen derechos, y se debe procurar evitar que sufran inútilmente, pero no concibo que el proveer de alimento a un ser humano pueda ser clasificado como sufrimiento inútil. 

Una vez clarificado este punto básico, pasamos a enfocarnos a la pregunta que abría el artículo. Haremos un repaso a que nos dice la filosofía, la antropología, la psicología y la sociología al respecto de la relación entre el ser humano y las mascotas, para así poder desarrollar una aproximación coherente a esa misma relación entre el veganismo y las mascotas. 

Empezamos por las aportaciones que la filosofía puede hacer al respecto del status de las mascotas. Siguiendo a (Andreozzi, 2013), podemos enfocar el debate desde la óptica de la “ética humana” o la “ética animal”. Desde la ética humana, Andreozzi considera que en la sociedad post-industrial en la que vivimos, los animales de compañía son tratados de manera análoga como si fuesen objetos, objetos que se pueden poseer. De hecho, apunta que no es casualidad que los humanos que poseen animales de compañía se les denomina pet-owners. Para apuntalar esta idea, cita a Erica Fudge en un fragmento que reza lo siguiente: “Las mascotas modernas son distintas de las mascotas en tiempos de la antigüedad ya que actualmente son un producto de la industrialización y el auge del urbanismo” (Fudge, 2008). 

Se ahonda en esta idea de la relación entre industrialización y mascotas mediante otra cita, en este caso a Yi-Fu Tuan en su libro Dominance and Affection: The Making of Pets donde dice lo siguiente: “Humans needed an outlet for their gestures of affection as this was becoming more difficult to find in modern society as it began to segment and isolate people into their private spheres” (Tuan, 1984). Tuan defiende que las mascotas fueron un elemento necesario e inevitable ya que los humanos buscaban un algo al que profesar cariño ya que la sociedad industrial restringía cada vez más dichas muestras de cariño en comunidad y las restringía a la esfera privada de cada uno. También sugiere que la subordinación de perros y gatos nos brinda seguridad psicológica en un mundo inseguro: estos animales nos aseguran que, pase lo que pase fuera del hogar, dentro de nuestros hogares, los humanos somos los maestros y amantes absolutos de nuestros propios dominios. De hecho, Andreozzi va más allá y defiende que la posesión de mascotas es una de las realizaciones del deseo humano de constituirnos y proyectar nuestra propia identidad mediante los objetos que poseemos. 

Ante este escenario, existe la puntualización legítima que, a veces, el poseer o acoger una mascota es un acto de generosidad ya que sin este hecho el animal no tendría dónde ir y sufriría innecesariamente. A pesar de ser una crítica muy válida, Andreozzi considera que, aunque los dueños de mascotas afirman que aman y respetan a sus animales de compañía como amigos o miembros de sus familias, al adoptar estas mascotas, los dueños de mascotas respaldan implícitamente un sistema que produce cosas que se convierten en propiedades. Y al llevar a estos animales a casa, es probable que los dueños de mascotas vean a estos animales como un medio para sus fines y no un acto de generosidad por sí. 

Entrando en el terreno de la ética animal como óptica para enfocar el problema, encontramos varios (pocos) autores que ofrecen una argumentación para superar el dilema que supone una mascota y su respeto a los intereses del animal. Dichos autores afirman que a pesar de tener la obligación e no hacer sufrir a ningún animal, también existe una responsabilidad parcial respecto a algunos de ellos. Por ejemplo, como parte de una comunidad mixta dónde humanos y animales han evolucionado juntos (Midgley, 1984), responsabilizarse de que han sido actos humanos los que han hecho que ciertos animales no puedan vivir en su hábitat natural debido a la explotación medioambiental (Palmer 2010) o la responsabilidad relacional que los dueños de mascotas tienen con los animales que traen voluntariamente a sus vidas, precisamente porque los llevan a sus vidas (Burgess-Jackson, 1998). 

Como vemos, existe cierta disputa entre corrientes filosóficas sobre el papel de las mascotas y su relación con los seres humanos. Creo que para poder llegar a conclusiones más robustas es un buen ejercicio ver que dicen otras disciplinas científicas como la antropología o la sociología. 

En el campo de la antropología, una de las grandes referentes en el estudio de las relaciones entre animales y humanos es Pat Shipman, profesora emérita en la universidad de Penn State. Entre sus múltiples obras destaca The Animal Connection (Shipman, 2010), dónde propone que la relación con los animales es un elemento esencial que une a los otros comportamientos esenciales del ser humano como son el uso de herramientas, el lenguaje y comportamiento simbólico y la domesticación de plantas y animales. La autora llama conexión animal a la relación de los humanos con los animales y defiende la hipótesis de que, como un antiguo rasgo diagnóstico del linaje humano, la conexión animal tuvo una gran influencia en la evolución humana, la genética y el comportamiento. 

Esta hipótesis predice, y la autora aporta evidencia al respecto, que el registro fósil y arqueológico incluirá abundante evidencia de que (1) los humanos estaban íntima y permanentemente conectados con los animales, (2) los cambios adaptativos humanos se relacionaron causalmente con la conexión animal, y (3) una significativa ventaja adaptativa de la conexión animal puede identificarse en cada etapa de la evolución humana. 

Como resumen, la autora define el proceso de la siguiente forma: en la primera fase, la función más antigua de las herramientas fue mejorar el acceso humano a los alimentos de origen animal, empujando a los humanos a un nuevo nicho ecológico. En la segunda fase, la evidencia más temprana de almacenamiento externo de información se refería a animales. El comportamiento simbólico y la comunicación brindaron beneficios clave a medida que los humanos se expandieron a nuevos rangos geográficos, desarrollaron herramientas más sofisticadas y ampliaron su nicho.  

En la tercera fase, la domesticación proporcionó nichos beneficios a aquellos humanos que pudieron comunicarse lo suficientemente bien como para hacer herramientas vivas con animales. En cada fase, las ventajas iniciales y fundamentales se acumularon para aquellos que estaban más enfocados en los animales. La hipótesis de la conexión animal resalta los vínculos causales entre la fabricación de herramientas y el origen de los comportamientos simbólicos (incluido el lenguaje) y de aquellos a la domesticación de animales y plantas. Estos avances de comportamiento aparentemente diferentes fueron íntimamente entrelazados durante la historia de la evolución humana. (Patman, 2010, T. del A.) 

Este repaso a la evidencia antropológica nos demuestra la relevancia y la importancia de la relación que los animales tuvieron en el desarrollo humano, pero no nos aportan luz sobre el concepto de mascotas. Así pues, vamos a ver que nos aporta la sociología y la antropología cultural al respecto. 

Según apunta (Herzog 2014), el concepto de ‘mascota’ así como la práctica de ‘tener una mascota’ varía mucho entre sociedades humanas, tanto en el tiempo como en el espacio. A diferencia de características universales humanas, como el lenguaje o el arte, las mascotas, tal y como las consideramos hoy, no existen en muchas culturas. Por ejemplo, los poblados Kiembu de Kenia viven con perros que mantienen para alejar a los animales y amenazar a extraños. Pero los Kiembu no consideran a estos animales como compañeros. Nunca los dejan entrar en sus casas ni jugar con ellos. De hecho, el idioma Kiembu no contiene una palabra que corresponda a “mascota”. 

De hecho, a nivel más general, Herzog indica que estudios recientes que realizaban estudios comparativos sobre la tenencia de perros como mascotas entre varias sociedades humanas contemporáneas evidencian que los humanos vivían con perros en 53 de las 60 culturas estudiadas, pero son considerados mascotas en sólo 22 de ellos. Incluso en estas sociedades, los perros de compañía se mantuvieron principalmente con fines utilitarios, como la caza, la defensa contra personas o depredadores, el pastoreo y la carga y la eliminación de desechos; no se les otorgó el estatus de amigo o familiar. 

Los perros sólo eran alimentados adecuadamente y permitidos dentro de los hogares en siete de las culturas. En muchas de las sociedades, los perros eran maltratados. Eran golpeados regularmente en 13 de las culturas. Pero lo más sorprendente es que los humanos sólo jugaban con los animales en solo tres de las 60 culturas. Por tanto, se podía concluir que el afecto y todos los recursos generados y dedicados a las mascotas en los Estados Unidos y Europa hoy en día son una anomalía cultural. 

Herzog también comenta que las relaciones entre los humanos y algunos animales son resultado de una construcción histórica determinada. Como ejemplo explica la evolución de la relación entre los humanos y los gatos. 

La evidencia de que las personas tenían gatos como mascotas se remonta al 4000 AC en Egipto cuando las imágenes de gatos en escenas domésticas comenzaron a aparecer en las paredes de los templos religiosos. Hacia 3500 AC, los gatos se habían convertido en objetos de adoración y, como resultado, se convirtieron en objetos de sacrificio. Así, mientras que los gatos egipcios eran amados como mascotas, también fueron producidos masivamente, para única y exclusivamente ser momificados. En Europa, las cosas empeoraron para los gatos en el siglo XIII cuando fueron vinculados con la brujería por parte de la Iglesia Católica. Así, se produjo una campaña de más de tres cientos años de tortura sistemática y genocidio contra estos felinos, cuyo objetivo era exterminar a los gatos por completo. A pesar de esto, los gatos comenzaron a  considerarse de manera más positiva en el siglo XVIII, y su imagen fue completamente rehabilitada cuando la reina Victoria se convirtió en amante de los gatos. De hecho, hoy en día, más gatos que perros viven en hogares estadounidenses. Por tanto, este repaso de Herzog nos permite ver que el concepto de mascota es una anomalía occidental, fuertemente marcada por elementos geográficos, históricos, culturales y religiosos. 

Así pues, ¿qué nos indica todo este repaso qué acabamos de hacer y que nos permite relacionarlo con la pregunta que abre el artículo? Pues que la idea de mascota no responde a ninguna necesidad por parte de los seres humanos y/o los animales. Por tanto, genera una fuerte contradicción con los planteamientos veganos de compromiso ético con el trato a los animales; es un acto profundamente egoísta que no beneficia a los animales en modo alguno. Para ir más al fondo de la cuestión, hago mío el argumento de Andreozzi presentado anteriormente según el cual la posesión de mascotas es una de las realizaciones del deseo humano de constituirnos y proyectar nuestra propia identidad mediante los objetos que poseemos y no de un acto de generosidad hacia el animal. 

Referencias:

ANDREOZZI, M., 2013. Humans’ Best Friend: The Ethical Dilemma of Pets. Beyond Anthropocentrism, vol. 23. ISSN 0022362X. DOI 10.2307/2019418. 

BURGESS-JACKSON, K., 1998. Doing Right by Our Animal Companions. The Journal of Ethics [en línea], vol. 2, no. 2, pp. 159-185. [Consulta: 5 abril 2019]. ISSN 13824554. DOI 10.1023/A:1009756409422. Disponible en: http://link.springer.com/10.1023/A:1009756409422. 

FUDGE, E., 2008. Pets. S.l.: McGill-Queen’s University Press. ISBN 1844651568. 

HERZOG, H.A., 2014. Biology, Culture, and the Origins of Pet-Keeping. Animal Behavior and Cognition, vol. 1, no. 3, pp. 296. DOI 10.12966/abc.08.06.2014. 

MIDGLEY, M., 1984. Animals and why they matter [en línea]. S.l.: University of Georgia Press. [Consulta: 5 abril 2019]. ISBN 0820320412. Disponible en: https://books.google.nl/books/about/Animals_and_why_They_Matter.html?id=uE7lNzbN7wEC&redir_esc=y. 

PALMER, C., 2010. Animal ethics in context. S.l.: Columbia University Press. ISBN 9780231129053. 

SHIPMAN, P., 2010. The Animal Connection and Human Evolution. Current Anthropology, vol. 51, no. 4, pp. 519-538. ISSN 0011-3204. DOI 10.1086/653816. 

SINGER, P., 1975. Animal liberation : a new ethics for our treatment of animals [en línea]. S.l.: New York Review. [Consulta: 5 abril 2019]. ISBN 0394400968. Disponible en: https://books.google.nl/books/about/Animal_liberation.html?id=2wi8AAAAIAAJ&redir_esc=y. 

TUAN, Y.-F., 1984. Dominance and Affection: The Making of Pets [en línea]. S.l.: Yale University Press. [Consulta: 5 abril 2019]. ISBN 9780300191707. Disponible en: https://www.jstor.org/stable/j.ctt1cc2k24. 

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